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Supongamos que un buen día usted se levanta inspirado y se exige el ejercicio intelectual de escribir una obra en el denominado espectro del género chico: la televisión; donde la exigencia es menor y los errores pasan desapercibidos. El tema es libre, así, que usted elige contar una historia simple, posiblemente la suya o la de algún familiar cercano. “Historias de la vida real”, la llamaremos esta noche: como se ve, nada original (¿Acaso la realidad no imita al arte?), para no pecar de soberbios.
La novela constará de varios capítulos y de posibles alargues. Muchos personajes intervienen en el curso de los años, pero eso no le quita consistencia al guión ni incertidumbre al final. El papel de algunos actores es limitado pero no menos importante. A medida que se acerca el fin, el protagonismo de los personajes secundarios que le dan vida y lustre a la trama, cobran vigor con intervenciones decisivas. Hay de todo en el mercado de la vida: alegría, llanto, emoción, ambición, acción, olvido, drama y hasta puede terminar en tragedia ¡usted decide!. El argumento es por demás sencillo y va “increscendo” a medida que se acerca el desenlace.
Para comodidad narrativa elegimos a una pareja de recién casados, Juan y Clemencia, que deciden cumplir el sueño de la casa propia. Como sabrá apreciar el lector, nos metemos de cabeza en las profundidades de un culebrón nacional de palpitante actualidad. Busca esta pareja, cumplir su destino dentro de la sociedad ¡el amor los ilumina por dentro!
Ambos son empleados, así que recurriendo a sus prestaciones sociales y a algunos ahorros encaran el proyecto. Asumen un crédito hipotecario en UVR (unidad de valor real), pagan el reglamentario 30% que exigen los bancos y financian el otro 70% a 15 años o 180 inolvidables y tediosas cuotas. Esta contingencia no los amilana. ¿El matrimonio acaso no es para toda la vida?. El crédito es la plata de los pobres, piensan sin darse cuenta las sorpresas que les reserva el destino.
Al poco tiempo, Juan y Clemencia la feliz pareja, descubre que las cuotas del crédito hipotecario otorgado, en lugar de disminuir aumentan. Alguien les explica que todos los créditos hipotecarios están ligados al índice de precios al consumidor. Lo grave, lo obsceno, lo indigno, lo inmoral es que bajo esa premisa (la de mantener el valor del dinero prestado), los bancos recurran a la siniestra figura del anatocismo: la de cobrar intereses sobre los intereses, para una vivienda única. Este interés compuesto es tan insultante que hasta la ley lo prohíbe. ¿No es así como los organismos internacionales calculan la deuda externa?. El capitalismo en su más salvaje expresión. El mismo que hoy, por culpa de una “burbuja inmobiliaria”, tiene con “gripe” a la economía de los Estados Unidos y amenaza de pulmonía doble al resto del mundo. La gran ironía es que el propio gobierno de Colombia promueve un país de propietarios.
Aquí la historia (que seguramente nunca ganará el Pulitzer, ya dije que no es nada original), se pierde o se bifurca: nos consta que Juan y Clemencia lucharon hasta donde pudieron por honrar el compromiso hipotecario. “Se colgaron” en un par de cuotas y el banco, que se había mostrado complacido mientras pagaban les inicio un proceso, primero en el Juzgado Civil y luego lo pasó al Juzgado de Descongestión, creado para ejecutar a los morosos del sistema.
Los Bancos desprovistos de sentimiento pero no de codicia (en el último ejercicio tuvieron un superávit de más de 2.4 billones de pesos), les envían a su “grupo de tareas”, a su “brazo armado”, a la ley a quitarles la vivienda a Juan y Clemencia.
Estos se atrincheran. El barrio que los conoce serios, honestos se solidariza con su causa. La policía los ve decididos ¡a todo! y teme que una irrupción en el inmueble pueda desencadenar una tragedia. Lo más sensato, prudente es esperar y ellos esperan. La televisión cumple con su trabajo disuasivo. La imagen de gente siendo expulsada de su propia vivienda no le conviene al gobierno. El desalojo se posterga. Por esta vez han zafado…
La historia se impone a todos porque sustancialmente es verdad: verdad es que el hecho ocurrió la semana anterior en el Barrio El Encanto de Bogotá; verdad es que el préstamo fue por 65 millones de pesos; verdad es que esa familia lleva pagado 115 millones y aun adeudan, según el Banco, otros 80 millones: verdad es que los bancos tienen un cartera morosa de 897 mil millones de pesos; verdad es que esa suma incluye el cobro del tristemente célebre anatocismo; verdad es que existen más de 100 mil procesos ejecutivos (la cifra oficial sólo habla de 40 mil); verdad es que el gobierno privilegió salvar a los bancos, antes que a los hospitales (parte de la plata que hubiera podido salvar La Hortúa se utilizó para rescatar a Granahorrar y a otras financieras); verdad es que pocos comprenden la magnitud del tema; verdad es que sin inclusión social no hay modelo económico sustentable; verdad es que el alto gobierno puede cambiar la naciente cultura del desalojo compulsivo con una decisión política.
De esta historia son falsos los nombres, los políticos y el servicio al país que dicen prestar los bancos.
Otros Juan y Clemencia se preparan para defender sus viviendas…
La Democracia se robustece con la Justicia.
Creado por jlinares50
06:11:25