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28.02.08

Popper: el último grito de la muerte

De la vida social y familiar de Juan Carlos Rincón poco sabemos. Nos consta que tenía 19 años, que cursaba el quinto semestre de administración de empresas en la Universidad Piloto y que era el segundo de tres hermanos. Nada más. Diez o doce líneas a doble espacio pueblan la vida de un hombre. Su familia asegura que era un tío alegre, inteligente, listo. La vivacidad, la arrogancia y el desenfado juvenil le habrán hecho pensar, en más de una ocasión, que era invulnerable, invencible. Una juventud que vive el presente, como los animales, muy despierta a las sensaciones en un mundo cada vez más extraño e incontrolable. Una realidad atroz que requiere cada tanto de un presunto milagro en una adolescencia sedienta de aguas mágicas. Juan Carlos, animado – tal vez- por algunos amigos de farra de la universidad, se decidió a probar la droga de moda: “Popper”, ¿Total, qué me puede pasar?, sin sospechar que esa felicidad prefabricada acabaría de un tajo con sus días entre los mortales.

En la madrugada del sábado 16 de febrero, Juan Carlos y su novia se encontraban en un hostal. Rincón, que tenía antecedentes de epilepsia, no aguantó la embestida del “Popper”, empezó a convulsionar y tuvo que ser llevado de urgencia al centro asistencial, donde se le dictaminó hemorragia cerebral.

Así, de esa forma tan abrupta y cruel hizo su presentación oficial en sociedad: “Popper”, una droga que “anula el cerebro y deja el puro instinto”. En los círculos homosexuales se la conoce, también, bajo los nombres de: perico plus, putazo, oro líquido, rush y clímax.

El popper es un tipo de inhalante, dentro de los inhalantes es un nitrito. La denominación popper (por popped, "estallido"), oculta en realidad compuestos altamente tóxicos e inflamables derivados de los nitritos de alquilo (isobutilnitrito, butilnitrito y amilnitrito), usados como vasodilatadores desde mediados del siglo XIX en Europa, para pacientes con angina de pecho y diversos males cardiacos crónicos.

Popper es un químico sicoativo con fragancia de producto de limpieza, incluso algunos “rumbeaderos” lo han llegado a implementar para trapear sus pisos. ¿Forma subliminal de atraer, de estimular ?... Una rápida inhalada y un movimiento de cabeza brusco hacia atrás para asegurar la penetración en el cerebro y el fogonazo que se extiende imparable al sistema nervioso. Se comercializa en empaques de colores intensos y viene en varias presentaciones. Producirlo no es tan difícil; el alcohol butílico y el nitrito de sodio, sus precursores químicos, están disponibles en el mercado y la temperatura para cocinarlos la da un horno convencional. En publicaciones europeas del tipo de The Ultímate Gay Guide , de Jon Saponarsky, se advierte que quema la piel, y es que los cristales que resultan de la mezcla original se diluyen en ácido sulfúrico.

Popper es el bóxer de la clase alta, el bóxer de los gomelos... ese que no tienen que inhalar para calmar el hambre física que sentiría un indigente... sino que se inhala para calmar el hambre que busca calmar todo alúcigeno... el hambre que tiene la juventud, hambre de amor, de comprensión, hambre de entender el mundo en el que están pero que sienten cada vez más ajeno. Hambre de ser alguien ante un espejo que nos les muestra a nadie...

Vivimos en la era de la competencia permanente (el cemento ha reemplazado al alambrado… al perímetro) donde llegar o ser segundo no sirve, no tiene sentido, no cuenta, carece de valor. Es la era de los anabolizantes sintéticos que mejoran nuestro rendimiento atlético, nuestra figura. Una época en la que no se tolera la frustración, la debilidad, la derrota. Todo sirve, todo suma a la hora de obtener una pequeña parcela de felicidad por más efímera que ésta sea.

Es la era de la información en donde los jóvenes de hoy son ínternautas en búsqueda del tiempo perdido. Una especie de Homo numericus con celular (el invento más significativo después de la rueda), laptops o sedentario frente a su PC, a la vez consumidor y productor de contenidos para la red. Paradójicamente los avances tecnológicos en materia de comunicación en vez de acercarlos los han alejado del grupo social.

Son jóvenes llenos de urgencias - de preguntas sin respuestas sencillas, de deseos insatisfechos en una sociedad cada vez más materialista y cerrada - que buscan a través de las drogas alterar o modificar la realidad. La droga reemplaza, en muchos casos, a la familia y suple la carencia de infancia.

Juan Carlos Rincón, el joven muerto por inhalar popper, jamás comprendió que la belleza y la dicha son accidentes. ¿Total, qué me puede pasar?

El recuerdo es lo único que la muerte no se lleva.

  • Creado por  jlinares50 Creado por jlinares50
  • Posteado en 05:11:57
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