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Los colombianos nos hallamos bajo el fuego embrutecedor de la amenaza permanente. A fuerza de palparla a diario en nuestra clase política ya nos hemos acostumbrado a esa cultura intransigente que no tolera oposición. Es la espada de Damocles que pende, desde el fin de los siglos sobre nuestras cabezas. Ningún habitante es lo bastante pobre o lo suficientemente miserable para no sentir la daga filosa sobre la nunca. La sombra del verdugo que busca con un hachazo arrancarnos la ilusión, el pensamiento y la vida.
Ningún habitante de esta gloriosa nación está exento de recibir una carta, un mail, un llamado telefónico o simplemente un sufragio pronosticando el fin del fin. En el reino de la impunidad a nadie se le niega una amenaza. ¡Lo dije ya! nadie se salva, nadie escapa. La amenaza en Colombia lamentablemente se respeta y desgraciadamente se cumple.
En Colombia pretendemos que los opositores en materia conceptual coincidan con nosotros, piensen igual. No soportamos a los contradictores, a los rivales, a los vencidos. Detrás de la religiosa advertencia se esconde una amenaza en ciernes. Es la lluvia de primavera que precede a la tempestad. Es el clarín al alba que anuncia el comienzo de la batalla. El gobierno pretende que todos, uniformados bajo una sola idea de país, marchemos sin rumbo por la historia dejando en el camino retazos de nuestra propia conciencia ciudadana. Sin darse cuenta (me refiero al gobierno) que uno de los pilares institucionales de cualquier democracia es la confrontación de las ideas. La disparidad de criterios que persiguen un bien común: el respeto a la libertad de expresión, alma y nervio de la república.
Iván Cepeda Castro, investigador de ciencias humanas y líder del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, es uno de los personajes más amenazado del país. Su palmarés incluye la organización de una multitudinaria y exitosa marcha realizada el 6 de marzo, en homenaje a las víctimas de los grupos paramilitares. Iván es hijo de Manuel Cepeda, destacado capitán del Partido Comunista asesinado el 9 de agosto del 1994 por sicarios al servicio de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Callaron al hombre, pero no sus pensamientos. “Bárbaros, las ideas no se matan”.
Fue precisamente la marcha de repudio a los crímenes de Estado la que consolidó la figura de Cepeda como Defensor de los Derechos humanos; su verbo a favor de los desplazados y la exposición mediática le granjeó poderosos enemigos dentro del aparato estatal. Esta fama no lo perjudica, ni lo calla. Se podrá o no concordar con su causa o la forma como la presenta, pero nadie duda que el “man” sea valiente, corajudo. Se juega la piel en cada parada. Lo que se dice, un individuo incómodo para el gobierno de Álvaro Uribe.
A sus ya habituales arengas contra el paramilitarismo, los desplazamientos forzados de campesinos y los crímenes de Estado, Iván Cepeda agitó el cañaveral con su columna de El Espectador, exigiendo la renuncia del rector de la Universidad de Córdoba, el zootecnista Claudio Sánchez Parra, “una plantita” sembrada por Salvatore Mancuso para ejercer esa alta dignidad. Sánchez Parra tendría investigaciones en su contra tanto en la Fiscalía como en la Procuraduría.
La Universidad de Córdoba ha soportado en los últimos años numerosos episodios de violencia que costaron la vida a estudiantes y docentes del alma mater. En septiembre del 2000 fue asesinado el candidato a la rectoría, profesor Hugo Iguarán Cote, crimen atribuido a los grupos paramilitares de la zona.
Iván “kamikaze” Cepeda, habló sobre la hacienda que el presidente Uribe tiene en Montería – El Ubérrimo – y pintó un tenebroso paisaje de tierras pertenecientes a Mancuso, Diego Fernando Murillo, alias “Don Berna” y a la familia Castaño. Ofreció detalles sobre mansiones y centros comerciales construidos por los paramilitares en la región y le dedicó unas líneas al ex fiscal general Luís Camilo Osorio (con 51 investigaciones sobre sus espaldas, que sorprendentemente no prosperan).
Osorio, frecuente invitado a las parrandas vallenatas, quien nunca vio o se enteró de nada raro durante su gestión ¡salió invicto de la Fiscalía! Ganó en franca lid su puesto de embajador en México con el cual el gobierno premia a sus servidores públicos más eficientes. Recordemos a Sabas Pretel, actual embajador en Italia.
Como era lógico esperar, los medios de comunicación magnificaron el hecho, el gobierno de Álvaro Uribe se sintió agredido por las sindicaciones del riguroso Cepeda. ¡Ahí ardió Troya!
Fiel a su libreto empleado en los últimos tiempos, Uribe se defendió atacando y tachó de farsantes a conocidos activistas de Derechos Humanos entre ellos a Iván Cepeda.
Otra vez tilda de “terrorista intelectual” a quien expone su pellejo en búsqueda de la verdad. Una vez más el gobierno descalifica al mensajero por “informaciones calumniosas” cerrando la puerta a una oportuna y eficaz investigación.
En la intolerante sociedad que vivimos hay abundantes elementos de tragedia. Los comunicados subidos de tono reemplazan ahora a las ideas, al debate abierto, a la verdad.
Si hay salvación para Colombia está en la paz y no en la guerra.
Creado por jlinares50
07:04:41