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25.10.07

Millos da un golpe de estadio

Millonarios ha vuelto en una noche mágica con cielo despejado y sin estrellas. Ha retornado con la frente alta y con la espada inquieta a reclamar su lugar en el mundo, su lugar en la historia del fútbol continental. Dos fogonazos de su capitán Ricardo Ciciliano le bastaron para pasar de la fe a la certeza y desatar la fiesta en la ciudad de la furia. Venció con autoridad al encopetado Sao Paulo de Brasil, 2-0, y clasificó contra todo pronóstico a la semifinal de la Copa Sudamericana.

Desde el primer minuto se vio que los locales dejarían el alma, que es su traje de gala desde que el argentino, Mario Vanemerak, se hizo cargo de la plantilla hace apenas dos meses. El equipo Embajador salió prendido por el entusiasmo desbordante de la grada, ante un Sao Paulo que no reconoció en su adversario su poder ni su gallardía, confundido quizás, por las últimas versiones de una institución azul llena de cicatrices y fracasos. Era cuestión de creer, guapear, cantar y coser.

Los primeros 30 minutos fueron de intenso dominio Paulista. Millos aguantaba, sostenía el partido agazapado, esperando su oportunidad, realizando una defensa salvaje de sus predios. La misma que acostumbra cuando un equipo extranjero quiere invadirle su casa, arrebatarle una ilusión. La bandera del no pasarán fue el emblema y la muralla que levantó en esos primeros minutos de incertidumbre.

El Sao Paulo pecaba de ansioso frente un Millos que lo iba desgastando y demoliendo con su marca. El equipo brasileño llegaba con cierta propiedad y buen juego hasta la última frontera de la defensa azul, pero carecía de contundencia. Los Paulistas equivocaron por momentos la táctica a seguir, abandonaron el toque y la paciencia como doctrinas y se empeñaron en tratar de buscar soluciones individuales, siempre por el centro donde los locales habían construido una trinchera inexpugnable.

A Millos le bastó con contener a las individualidades rivales en los últimos metros para apoderarse del mediocampo y establecer condiciones. Ni Richarlyson ni Hugo parecían interesarse en el match, sólo el hombre de Pernambuco, Anderson Hernanes, se las ingeniaba para alimentar con precisos balones a un voluntarioso y poco efectivo José Da Silva Aloisio y al intrascendente Dagoberto.

Las corridas por el ala derecha del revoltoso, Ervin Gonzales, causaban zozobra a la austera y lenta defensa brasileña que inexplicablemente concedía ventajas. Rafael Robayo fue otro que no respetó los pergaminos del rival. Ambos dispusieron de sendas ocasiones de gol que no lograron concretar frente a Rogerio Ceni. El último segmento del primer tiempo le perteneció a Millonarios que comenzó a crecer a través de sus centrales Gonzalo Martínez y Andrés Mosquera.

Está demostrado que en su estadio, el equipo azul se vuelve loco en las segundas partes. Es cuando aprieta, remonta y decide partidos. Es cuando da el embate final. Millos sabía de memoria que los últimos 45 minutos frente al Sao Paulo, representaban la puerta de entrada a la gloria.

Como era de esperar el Sao Paulo salió en el segundo período a jugarse la ropa y el prestigio. Se adelantó en el terreno, arriesgó el presupuesto del semestre, dejó espacios libres en su campo y no encontró la diferencia en el marcador que hubiera justificado esa aventura. Un desborde de Jonathan Estrada por la izquierda, un centro al corazón del área y Ciciliano que levanta la cabeza… ese gesto es decisivo porque en el fútbol primero se ve, luego se piensa y se calcula. El fogonazo genial en su cerebro le dice que Rogerio Cenit permanece empotrado en su arco. ¡Es ahora o nunca! El remate sin dejar picar el balón corta el aire, la noche y estremece a la parroquia: ¡Golazo!

Otro ataque profundo del Sao Paulo que Robayo salva sobre la misma línea de sentencia y de ese susto sale la sorpresiva corrida de Ciciliano, el hombre del match, que con remate cruzado sacude la red Paulista y pone patas arriba al estadio.

El fútbol se hace menos dramático cuando lo ejecutan los que saben.

Millonarios puso la letra, el fútbol, el rigor y una cultura de sacrificio admirable.  

¡La clase obrera va al paraíso!

Da la impresión que no necesita ayuda divina…

  • Creado por  jlinares50 Creado por jlinares50
  • Posteado en 08:03:12
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