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Terra Blog

04.06.07

Mentiras verdaderas

La muerte vende, la sangre vende, la miseria humana que es la peor de todas, vende. Así lo entiende el canal Caracol con el lanzamiento del nuevo programa: “Nada más que la verdad”, el cual ofende a la inteligencia, incomoda a las buenas costumbres pero vende, entretiene y factura.

La mecánica del show es por demás sencilla: el participante debe contestar “la verdad y nada más que la verdad” y a cambio de decir la “verdad” recibe dinero (las monedas de Judas), monedas que le sirven para abrir las compuertas de su conciencia. Se le ha contratado, de eso se trata este negocio, para que muestre su lado oscuro frente a una audiencia morbosa que se relame con las desdichas ajenas. En estos tiempos de felicidad prefabricada, silicona, celulares y dinero plástico el hombre vende el alma al diablo por un mal plato de comida.

En esa incursión a los bajos fondos de su conciencia, el concursante no está solo.

Para hacer aun más dramático, lamentable, es quizás la palabra correcta, en este circo romano del tercer milenio, al “imputado” lo acompaña una nutrida parentela encabezada por sus padres y amigos. Todos asisten en primera fila a la degradación del ser querido ante millones de televidentes. ¡Todo sea por el vil metal! y de paso salir en la caja boba. Todo legal.

“¿Tuvo usted una relación incestuosa con su hermana?, ¿la embarazó?, ¿la hizo practicarse un aborto?, pregunta el tele- inquisidor Jorge Alfredo Vargas. La madre que presencia entre el público la carnicería abre el entrecejo. La inesperada respuesta de su hijo en el estrado la desarma, la desconcierta. El horror se ve instalado en su rostro. Lágrimas de utilería brotan en forma espontánea. ¡A la carga dice Vargas! mostrándole el colmillo a su presa herida de muerte: “Usted sabe que puede retirarse cuando quiera; claro que si se retira pierde la oportunidad de ir por los 100 millones”.

El hijo ha confesado la verdad. El polígrafo no miente. La madre llora, se quiebra; su jubilación de privilegio esta embolatada. Sin embargo, debe mantener la calma antes las cámaras. Mostrarse como una víctima del destino… ¡Acaso no matan a los caballos! La familia queda destrozada pero con dinero. Todos felices.

El efecto es inmediato: el tirano y esquivo rating otra vez le sonríe a Caracol televisión. La chabacanería sensiblera se cotiza a precio de barril de petróleo: Caracol televisión ha descubierto el agua tibia… Los aplausos del respetable nos recuerdan que el show deber seguir luego de 8 minutos de comerciales.

Este reality es un familiar cercano de otra “joyita” que agotó taquilla en años anteriores y que sigue siendo sinónimo de éxito fácil: Gran Hermano (The big brother). Si bien el formato de “Nada más que la verdad” es diferente (más directo, menos aggiornado, nada de producción) en el programa creado por el Holandés John de Mol y desarrollado por su productora, Endemol, la finalidad es la misma: shockear al televidente, conmoverlo, obligarlo a adoptar posiciones casi radicales. No toma prisioneros. ¡Tómelo o déjelo! Nada de indiferencia.

Estos realities vienen cada vez más sofisticados, más elaborados, más resistentes a la moral pública. En Holanda, incluso, se acaba de revelar que era una farsa el polémico reality que premiaba al ganador con un riñón. El programa de una insensata ingeniosidad movía al asco. Una enfermo terminal debía elegir a qué concursante le donaba su órgano.

Con “Nada más que la verdad” el canal Caracol pateó el tablero de la vergüenza. Los sesudos creativos de RCN, seguramente contestarán con alguna idea aun más perversa. ¡Pase, mire, vea! Estamos de liquidación en la feria del vale todo.

De la Comisión Nacional de Televisión, mejor hablamos otro día…

La pregunta de oficio es: ¿Vale la pena someterse a tanta ordinariez, a tanta bajeza, a tanta indignidad para ganar plata?

  • Creado por  jlinares50 Creado por jlinares50
  • Posteado en 11:07:42
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