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21.05.08

Manchester: cantando bajo la lluvia

Cruzaron las espadas con fierezas, sin miedo, sin odio, solo coraje y el grito desgarrado que se descuelga del pecho ofuscado, ansioso e inunda de flores rojas las estepas rusas. En Moscú bajo la luna incierta de mayo la noche trae recuerdos de acero. ¿La batalla? Está escrito que para que se tenga como real tiene que haber un vencedor y un vencido. Es una ley beatificada que viene desde el confín de los siglos, pero que los hombres de hoy actualizan con arrogancia y soberbia. Nadie ignora que toda victoria se justifica a si misma. La derrota, en cambio, es la crónica de un niño solo. Es el relato de un llanto pesaroso, íntimo, que penetra la piel del universo. Parece injusto, pero no lo es. ¡La historia la establecen los ganadores!

“A la gloria no se llega por un camino de rosas”, escribió en1968, el maestro Osvaldo Juan Zubeldía en una pizarra, (que aún se conserva en el vetusto Old Trafford) el día que Estudiantes de la Plata conquistó el título de campeón intercontinental frente a Manchester United. Aquel de Bobby y Jackie Charlton, George Best, Gordon Banks, una hornada de jugadores difíciles de obtener en una misma panadería. Un vino de consagrar, que de tanto en tanto, el fútbol nos da licencia para beber hasta emborracharnos de la dicha.

Esta vez la pelea fue entre dos viejos conocidos del barrio: Manchester United, los Red Devils y los Blue del Chelsea. Instituciones inglesas repletas de fábulas, de cicatrices de guerra, de escudos heráldicos, de marketing y, finalmente de historia. En otro tiempo hubieran podido ser amigos – esta noche- fueron amargos rivales.

Ambos llegaron al estadio de Luzhniki de Moscú dispuestos a llevarse - “win or go gome”- a la “Orejona”, la copa más deseada, la más apetecida, la más respetada: la Liga de Campeones.

Y la final a nadie defraudó. Se necesito extra-time y la tanda de penales para decidir el mejor. La puntería, la sangre fría, los postes y el azar sellaron la contienda: Manchester United se alzó con la victoria en un partido que la gente prudente tardará en olvidar.

El duelo inglés arrancó
con pocas ocasiones de peligro. Sólo Cristiano Ronaldo echaba humo por la punta izquierda, ante un contrariado Essien que no alcanzaba a bajarle la barrera al tren portugués. El Chelsea tratando de impedir que el Manchester aplicara su ritmo y les torturara con su fútbol de hierro.

La sala de máquinas, el mediocampo, de ambos equipos trabajaba a pleno. El incombustible Makelele, un auténtico dealer quitaba y repartía balones en el centro del terreno. A Manchester United le incomodaba la presión de ese negro obsesionado por destruir. Sabía que para poder desarrollar su juego necesitaba llevar la iniciativa y la tomó, dejándole a los “blue” las migajas de un contragolpe afortunado.

Un centro al área de Wes Brown que Terry y Carvalho ven pasar y Ronaldo de feroz cabezazo saca petróleo en tierra santa: 1-0. Los goleadores, como los amigos, son para las ocasiones. Conmovido por la conquista ajena el Chelsea entró en el vulgar mundo de las necesidades. Apretó el paso y cuando el final de primer tiempo moría concretó su venganza. Un mal rechazo de la zaga roja y Frank Lampard que grita presente en la noche rusa: 1-1.

En el segundo período el Chelsea empuño el hacha, adelantó sus líneas, presionó con fe y fue encontrando huecos en la defensa del “ManU”. Pudo haber definido el match a su favor, pero los postes, en dos ocasiones se atravesaron en su destino. No era su día.

En el primer tiempo El Apache Tevez había gozado de dos inmejorables ocasiones para encender la hoguera, pero los buenos reflejos de Cech le impidieron comenzar la fiesta. En el segundo se batió solitario frente a férrea defensa londinense luego que el técnico escocés Alex “cara roja” Ferguson sacara del campo a su camarada de hazañas memorables, el irascible Wayne Rooney. El Chelsea era más en el césped resbaladizo del Luzhniki, pero la suerte estaba con el campeón. El empate en los 90 minutos reglamentarios fue justo.

El suplementario fue solo un formalidad. La despiadada lluvia moscovita, la tensión y el cansancio hicieron mella en los players. El Manchester y el Chelsea aceptaron los penales con resignación y esperanza.

La tanda de penales fue dramática. El capitán del Chelsea, John Terry, tuvo la gloria en sus pies, pero no creyó en ella. Edwin Van der Sar se recibió de héroe. El llanto de los blue copó la parada. Estaba escrito que aquella noche perdieran a su amor.

Era un solo día, era una final. Pero una final es una final, y a igualdad de entusiasmo a veces ganan los mejores…

Game over: Manchester United es un digno campeón de Europa.

¡Aleluya!

  • Creado por  jlinares50 Creado por jlinares50
  • Posteado en 19:53:05
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