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Debió haber bastante ironía compasiva y un oculto menosprecio en la sonrisa con que Pilatos acompañó su inmortal pregunta: ¿Verdad?, ¿qué es la verdad? Pilatos, que era un exquisito diletante (el diletantismo incluye un cierto deprecio por la verdad) se volvió de espaldas sin aguardar la respuesta de Jesús, persuadido como lo estaba de que no había contestación posible a esa pregunta.
En la guerra la verdad es la primera “casualty”, la primera víctima; es la espada justiciera de quien la esgrime. En la democracia la verdad tiene tinte oficialista, olor a incienso de iglesia, a micrófonos cómplices, a escritura parcializada: “Temo más a tres periódicos que a 100 mil bayonetas”, decía Napoleón. Ciertamente, la “verdad” le pertenece casi siempre el bando victorioso, al poderoso.
Hoy los políticos mienten más de lo necesario en un congreso diezmado por el escándalo de la parapolítica que le quita legitimidad a las leyes que emergen de su seno. La ética ha sido desplazada por la ambición y la lucha por el poder.
Frente a la realidad suprema “cortinas de humo” y verdades a medias, parece ser la consigna del gobierno de Uribe. A una noticia que sacude los cimientos de la actual administración le sucede otra que mitiga la pena y distrae a la audiencia. Escándalos que sustituyen realidades y que acaparan el interés ciudadano. La verdad se distrae con engaños de utilería, con mentiras, con olvidos irreparables y hasta con amenazas. Todo lo que sirva a la causa encuentra vía libre en la autopista del horror. Son tiempos de doctrinas apócrifas y ataques preventivos en donde los gobiernos cubren la ilegitimidad de sus actos con una mayor cuota de ilegitimidad.
La semana anterior cayó en la red de la justicia por sus nexos con grupos paramilitares, Rubén Darío Quintero, ex secretario privado de Álvaro Uribe en la gobernación de Antioquia. La noticia de por si tenebrosa para el país, pasó de “agache” por la frontera de la opinión pública nacional. El discurso de Uribe ofreciendo garantías, recompensas y exilios dorados en París a los sediciosos que entreguen a secuestrados, incluyendo a aquellos que cometieron delitos de lesa humanidad, copó la parada en los medios de comunicación del día siguiente.
Por si fuera poco a esa generosa oferta de primer nivel, le siguió otra noticia que mueve los corazones sentimentales y oportunistas de nuestra clase dirigente: el estado de salud de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt. Una fácil sentimentalidad que navega hacía un misticismo compuesto más de emociones que de pensamientos, más de aspiraciones que de afirmación. De repente todos tienen algo que decir. Médicos, analistas políticos y hasta curas de pueblos olvidados por la luz de Dios, desfilaron por la pasarela noticiosa. Las especulaciones suplantaron a la verdad. La vida no es cosa triste, pero si es cosa sería.
Exagerado en sus afectos y en sus odios, ni calla los primeros ni oculta los segundos, Uribe lanzó la propuesta de canje de prisioneros a sabiendas que esta sería rechazada. Luego de ese salto al vacío, sin red, quedó la sensación que el gobierno vende humo, no tiene planes ni estrategias concretas, tira dados y salva responsabilidades ante una eventual muerte de Ingrid. Ahora, presionado por la comunidad internacional permite que sean otras naciones, Francia y Suiza, quienes gestionen una misión humanitaria, con las FARC.
La oferta de canje de guerrilleros presos por secuestrados en poder de las FARC “Too little too late” realizada por el presidente Uribe, encontró rápida respuesta en una carta, proclama enviada por Iván Márquez miembro del secretariado. La puerta de la ilusión abierta por el gobierno, fue cerrada abruptamente, como en otras tantas ocasiones, con una simple notificación. Todo sigue igual, o peor.
Desprovisto de sentimientos humanitarios y desoyendo el clamor popular, Márquez afirma en la misiva que el proceso de liberación de Ingrid, ha quedado gravemente herido con la muerte del portavoz de la FARC, Raúl Reyes. El comunicado, que no prescinde de epítetos destemplados hacia la figura presidencial, desprende un vaho pesimista sobre la suerte del intercambio humanitario y la liberación unilateral de prisioneros.
Es de suponer que la negativa de liberar a Ingrid Betacourt y a los otros secuestrados es una medida transitoria. Se vuelve indispensable creer en algo para no caer en la trampa de la desesperación.
Una vez más la agenda la maneja las FARC. Son ellos los que imponen condiciones. Las importantes bajas sufridas en sus filas, en las últimas semanas, lejos de ablandarlos los han vuelto más agresivos, más desconfiados. Saben que los delitos de lesa humanidad, de los que se acusa a esa organización subversiva, no prescriben con un simple decreto presidencial. Nada tienen que perder, por eso son peligrosos. Será difícil negociar con ellos en esas condiciones.
La eventual muerte de Ingrid Betancourt pondría al gobierno de Uribe en una posición muy incomoda frente a la comunidad internacional. Se lo acusará, con seguridad, de no haber hecho lo suficiente para liberar a la insigne cautiva.
Dejar morir a Ingrid para las FARC sería un error político de enormes dimensiones.
La paz no se construye a punta de bombardeos, ni con masacres selectivas, ni con recompensas millonarias a delincuentes y menos con terrorismo de estado. Aun en la victoria habrá siempre que dialogar, que acordar. Esa es la lección que enseña la historia de las guerras en el mundo.
La única verdad es la realidad: tanto el gobierno de Álvaro Uribe como las FARC tienen el corazón vacío de amor humano, ¡apenas humano!
El espectáculo que brindan es indigno de la raza.
Creado por jlinares50
09:58:22