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20.07.07

Fontanarrosa: no te vayas campeón

Luego de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, murió a la edad de 62 años, Roberto “El Negro” Fontanarrosa, escritor, dibujante y humorista, nacido en Rosario, Argentina. Desde el 2003 padecía de esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad neurológica que lo fue lentamente inmovilizando, hasta dejarlo quieto para siempre, dentro de la historia del humor moderno.

Pero la muerte que nos roba a los seres amados también de un modo secreto y misterioso los inmortaliza en el recuerdo colectivo. “EL NEGRO” (así con mayúsculas), caminaba por la vida con la luz encendida. La característica del genio consiste en estar desposeído de lo que más comúnmente poseen los hombres normales y en exhibir sin dificultad un reflejo de lo que es propiamente dote del creador.

El Negro Fontanarrosa cumplía su destino de dibujante de la mano de personajes siniestros y poco recomendables como “Boogie, el aceitoso”: un matón de historieta de aspecto despreciable, rudo hasta el punto de la crueldad que remataba sus aventuras con un lacónico “shit” o el memorable y no menos picante “Inodoro Pereyra, el renagáu”; personajes que le sirvieron para escalar posiciones en la consideración popular.

Pero el fútbol era su real pasión. Con íntimo bochorno se sabía más apto escribiendo cuentos y novelas sobre este deporte, que acercando el balón al área enemiga. Una frase delata ese amor que no supo de infidelidades: “Yo crecí queriendo ser como Ermindo Onega y no como Julio Cortázar”, decía “El Negro” estableciendo una doble línea de cuatro, cuando sentía que algún periodista lo acorralaba en busca de respuestas sobre su vocación literaria.

Amigo del tablón dominguero, del sudor, del músculo y de la gambeta florida, ostentoso hincha de Rosario Central, (“Con cada partido envejezco diez años”), Fontanarrosa supo captar como pocos y trasladar al papel el lenguaje de las gradas y adobarlo con una prosa lúcida, directa, donde dejaba trascender trazos de su innegable conocimiento del juego.

Llevaba su fanatismo por Rosario Central (el equipo del mítico Che Guevara) a extremos inimaginables: “Mi mujer sólo me despertó temprano el día que Maradona firmó para Newell’s” decía, para justificar sus largas siestas de verano. Entre el escudo de la institución y el logo de Kappa, la actual camiseta de Rosario Central, luce altiva, orgullosa una caricatura del maestro denominada “canaya”. Una muestra de amor filial a la divisa que “El Negro” legó a las generaciones futuras.

Sus libros, cuentos y novelas: “Puro fútbol”, “Área 18”, “No te vayas campeón”, "19 de diciembre de 1971", “El mundo ha vivido equivocado”, constituyen verdaderas joyas literarias del género.

En el 2004, Fontanarrosa fue el invitado estrella del III Congreso de la Lengua que se realizó en la ciudad de Rosario. Su presencia y sus palabras terminaron por ser lo más sobresaliente y recordado del evento. Un homenaje a la sonrisa y a la inteligencia que comenzó con preguntas inquietantes sobre la relación de las palabras: “¿Por qué son malas las malas palabras? ¿Le pegan a las otras palabras? ¿Son de mala calidad, y cuando uno las pronuncia se deterioran?”, planteó el rosarino ante una audiencia de sobrios elefantes cervantinos.

En su ponencia abordó la cuestión de “la triste función de los puntos suspensivos” en el reemplazo de términos soeces, y defendió la potencia expresiva de un “¡carajo!” o un “¡mierda!” colocados y expresados en el momento justo y en un contexto adecuado. Los miembros de la Real Academia de la Lengua se miraban perplejos, mientras el público deliraba. El Negro había conseguido contagiar con su humor a la selecta parroquia y poner el teatro patas arriba con su “macanuda” exposición.

Roberto “El Negro” Fontanarrosa fue un personaje que recorrió el mundo con el noble propósito de asombrar con anécdotas, cuentos y metáforas la vida de los otros.

Nunca se pareció a su leyenda: Pero se fue acercando…

  • Creado por  jlinares50 Creado por jlinares50
  • Posteado en 19:31:34
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