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En un curioso dictamen, el Consejo de Estado acaba de determinar que tanto la esposa como la compañera de un fallecido pueden gozar de la pensión del difunto, en caso que se logre comprobar que al momento de su muerte el hombre “atendía” simultáneamente a las dos mujeres.
Los hombres hacen cosas tontas y luego las llaman leyes.
La decisión fue adoptada al fallar una demanda interpuesta por la compañera sentimental del un agente de la Policía que murió en Palmira, Valle, en febrero de 1996 y quien acreditó una convivencia de 10 años con el uniformado.
Paralelamente el hombre sostenía una relación -¡no me pregunten cómo lo hacia!- con su esposa legítima con quien duró 18 años y tuvo tres hijos.
A simple vista parece una unión sórdida ¡una de tantas! sostenida por el engaño, por las apariencias, por la incertidumbre. Una relación extramatrimonial consolidada con la presencia de un hijo ¡por fuera de la legalidad! que los mismo jueces con su fallos ahora benefician.
Para el Consejo de Estado, "el derecho a la sustitución de la pensión es una protección que establece la ley para la familia, sin importar la manera cómo esta se conformó, es decir, por vínculo matrimonial o por unión libre".
La vida nos enseña a desconfiar de la objetividad de nuestros conceptos. Percibimos, en muchos casos, solo lo exterior, las apariencias, no la realidad profunda de las cosas.
La medida del Consejo de Estado llama poderosamente la atención en un país abundante en leyes que no se cumplen u olímpicamente se ignoran. Un país en donde el ciudadano esta obligado a armarse de paciencia franciscana para “legalizar” todo: documentos originales, fotocopias e incluso la respectiva acta de matrimonio. ¡Todo debe ser legal!, o parecerlo. En este contexto el fallo tiene visajes de una generosidad extrema.
El dictamen del Consejo de Estado, que crea jurisprudencia, tiene que ver con la conducta del ciudadano y su responsabilidad frente a la sociedad. En una sociedad hipócrita donde se acumulan todos los pecados capitales, en todas las formas posibles la providencia de otorgarle beneficios jurídicos a la amante clandestina es una forma, dicen algunos, de oficializar la bigamia. Otros, menos escépticos, aseguran que lo que hizo el Consejo de Estado es reconocer una situación bastante frecuente, casi incorporada, en la cultura de la relación de parejas.
Los pilares que sostienen al matrimonio son el amor, la confianza, la credibilidad, la honestidad. Una relación de pareja se construye día a día, ladrillo sobre ladrillo. “El matrimonio es una larga conversación”, decía Borges. Sin embargo, en este caso de infidelidad se pudo edificar una relación estable y duradera.
En Colombia las familias se conforman, en una inmensa minoría, sin la intervención de las instituciones del estado. La unión libre -sin papeles, sin sellos, sin testigos- es una práctica cultural más habitual de lo que parece, especialmente en las capas bajas de la población. En una sociedad machista como la nuestra la sociedad conyugal se disuelve cuando el hombre se va de la casa o acepta separarse de común acuerdo con su pareja. No hay intervención de onerosos abogados, simplemente el hombre o la mujer abandona la vivienda para que la separación quede consumada.
Casarse es asumir un compromiso ante la ley, ante la sociedad y, si se es religioso, ante Dios y su iglesia en la tierra. Un hombre que “trampea” a su pareja tiene lógicamente que asumir las consecuencias de sus actos y pagar por ellos.
En la cultura Occidental difícilmente pueden cohabitar en un mismo predio dos sociedades, una: el matrimonio legal, y la otra, por fuera de esa “legalidad”. En una sociedad civilizada existe el divorcio o la separación de bienes para “blanquear” la situación de la pareja.
En el caso del travieso uniformado que compartió, al mismo tiempo, sus días con dos mujeres hay una complicidad manifiesta en ambas. Un complot que ultraja ¡la decencia del arrabal!
Un marido modelo, que cumplió a cabalidad con sus obligaciones conyugales en dos lechos distintos. Un meticuloso oficial de policía que no dejó ningún cabo librado al azar. Final de película, final feliz: la esposa engañada y la amante recompensada…
Por eso, el Alto Tribunal le ordenó a la Caja de Sueldos de Retiro de la Policía Nacional, reconocer por partes iguales la pensión sustitutiva tanto a la esposa como a la compañera permanente de manera retroactiva.
¿Eso, también, acaso, estaba previsto?
Creado por jlinares50
06:53:32