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Con cerrada ovación y lágrimas traicioneras de la platea femenina terminó la Cumbre del Grupo de Río en Santo Domingo, República Dominicana. Fue una telenovela al mejor estilo de las grandes producciones latinoamericanas donde nada faltó: excelente puesta en escena, protagonistas VIP, rostros inflamados de ira, dientes apretados, risas socarronas, acusaciones cruzadas, replicas encendidas, reconciliaciones, rostros sonrientes, manos extendidas, distensión y diálogo.
Final bien, todo bien - reza un viejo proverbio alemán- para esta tragicomedia de amor y odio atiborrada de bajas pasiones y sordos intereses geopolíticos. Por suerte se desactivó la bomba antes que se encendiera la mecha. Abrazos y sonrisas para un final sorpresivo y edificante. Sobre victorias así es que nuestro continente ha construido su fama y su grandeza. No es raro que quien ha salido de aprietos parecidos termine por asumir que todas las tormentas escampan.
La mañana había comenzado con agrios presagios y ataques a tres bandas. Ecuador, Venezuela y Colombia subieron al ring dialéctico de la Cumbre con sólidos argumentos. Ni siquiera hizo falta el clásico round de estudio entre los contrincantes. Apenas sonó la campana ya estaban trenzados en bizantinas discusiones y fuegos de artificio. Mientras uno acusaba, el otro negaba con más énfasis. Cuando uno no puede convencer a otro de algo, uno comienza a dudar de ese algo…
La audiencia mundial contemplaba en vivo y en directo, el espectáculo del “tire y afloje” con zozobra y estupor. El horno, ciertamente, no estaba para bollos. Como la espada de Damocles pendía sobre la cabeza de la población colombiana el contingente de tropas que tanto Ecuador y Venezuela habían enviado a la frontera.
El presidente de Colombia, Álvaro Uribe embestía con puños de piedra. La fogosidad de sus palabras denotaba furia, pero también conocimiento. Reunió toda la sinceridad que pudo para ofrecer disculpas a su par ecuatoriano por haber invadido su territorio, pero se mantuvo firme en el derecho que le cabe a Colombia para responder a la insurgencia en cualquier parte. Un hecho legítimo que se consigue a través de un acto ilegítimo. Doctrina que emplea Estados Unidos para golpear en cualquier lugar del mundo, sin necesidad de rendir cuentas a ningún país soberano ni a los organismos multilaterales. La invasión a Irak, so pretexto de que este país almacenaba armas de destrucción masiva (hipótesis que resultó falsa y que cuesta la vida a más de un millón de iraquíes hasta el momento), es la prueba reina de esa sinrazón. La legalidad no se combate con mayor ilegalidad.
En un mundo civilizado y globalizado como el nuestro, ni por más poderosa que sea la razón o lo motivos, ninguna nación puede arrogarse el derecho de invadir a otra. “Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz” (Benito Juárez).
Las palabras “mentiroso”, “falso”, peligrosamente comenzaron a llenar la superficie del recinto. Los ánimos caldeados provocaron incluso que el presidente Daniel Ortega de Nicaragua amenazara con retirarse. Este tipo de reuniones anteriormente protocolares y colmadas de vacías amabilidades, se han tornado, últimamente, (remenber el “porque no te callas” del rey de España a Chávez en la Cumbre de Chile de noviembre), en turbulentos y ásperos desencuentros. Nadie omite nada, nadie se calla nada. El respeto entre mandatarios brilla por su ausencia.
En su intervención el presidente ecuatoriano Rafael Correa tensó un poco más la cuerda e hizo un pormenorizado relato de la situación en la frontera. Argumentó, con énfasis, que era un despropósito pagar a 11 mil hombres, -que en tiempos normales solo requiere de un contingente de 3 mil-, a un costo de US$ 100 millones de dólares anuales para cuidarle el patio trasero a Colombia. Defendió con entusiasmo y pasión la inviolabilidad territorial. Además señaló que el intercambio humanitario ayudaría a conseguir la paz en Colombia que es la paz de toda la región.
Chávez, quien en las últimas semanas ha lanzado encendidos discursos con insultos y epítetos contra Uribe, a quien ha llamado "criminal", "mafioso", "mentiroso" , "paramilitar" y “lacayo del imperio”… urgió a buscar una salida entre “gente racional" a la crisis. "Paremos esto", enfatizó. Pidió a los presidentes: “reflexionemos, pongamos cabeza fría, porque si seguimos…, sigue calentándose esto. Estamos a tiempo de detener una vorágine de la cual pudiéramos arrepentirnos y no sólo nosotros, sino nuestros pueblos, hijos y comunidades”.
Quien iba a imaginar que Chávez vendía esperanzas como quien vende agua del grifo embotellada. El incendiario apagaba su propio fuego, recogía su verbo nacionalista y guerrero. Uribe hizo lo propio, su soberbia, arrogancia y belicosidad, inesperadamente, cedieron paso a la sensatez. La mano extendida y el pulso firme fueron prueba de ello. Correa guardó con reticencia, por el momento, el hacha de guerra, aceptó las disculpas y dio por superada la crisis. Ya se adivinaba la apoteosis.
“Cuando el hombre actúa es un payaso, cuando describe es un poeta”. Las palabras que hieren y destruyen también pueden ser las palabras que describen un poema.
Final bien, todo bien…
Creado por jlinares50
00:12:12