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Archivo para: Abril 2008

17.04.08

Esposas y amantes: con los mismos derechos

En un curioso dictamen, el Consejo de Estado acaba de determinar que tanto la esposa como la compañera de un fallecido pueden gozar de la pensión del difunto, en caso que se logre comprobar que al momento de su muerte el hombre “atendía” simultáneamente a las dos mujeres.

Los hombres hacen cosas tontas y luego las llaman leyes.

La decisión fue adoptada al fallar una demanda interpuesta por la compañera sentimental del un agente de la Policía que murió en Palmira, Valle, en febrero de 1996 y quien acreditó una convivencia de 10 años con el uniformado.

Paralelamente el hombre sostenía una relación -¡no me pregunten cómo lo hacia!- con su esposa legítima con quien duró 18 años y tuvo tres hijos.

A simple vista parece una unión sórdida ¡una de tantas! sostenida por el engaño, por las apariencias, por la incertidumbre. Una relación extramatrimonial consolidada con la presencia de un hijo ¡por fuera de la legalidad! que los mismo jueces con su fallos ahora benefician.

Para el Consejo de Estado, "el derecho a la sustitución de la pensión es una protección que establece la ley para la familia, sin importar la manera cómo esta se conformó, es decir, por vínculo matrimonial o por unión libre".

La vida nos enseña a desconfiar de la objetividad de nuestros conceptos. Percibimos, en muchos casos, solo lo exterior, las apariencias, no la realidad profunda de las cosas.

La medida del Consejo de Estado llama poderosamente la atención en un país abundante en leyes que no se cumplen u olímpicamente se ignoran. Un país en donde el ciudadano esta obligado a armarse de paciencia franciscana para “legalizar” todo: documentos originales, fotocopias e incluso la respectiva acta de matrimonio. ¡Todo debe ser legal!, o parecerlo. En este contexto el fallo tiene visajes de una generosidad extrema.

El dictamen del Consejo de Estado, que crea jurisprudencia, tiene que ver con la conducta del ciudadano y su responsabilidad frente a la sociedad. En una sociedad hipócrita donde se acumulan todos los pecados capitales, en todas las formas posibles la providencia de otorgarle beneficios jurídicos a la amante clandestina es una forma, dicen algunos, de oficializar la bigamia. Otros, menos escépticos, aseguran que lo que hizo el Consejo de Estado es reconocer una situación bastante frecuente, casi incorporada, en la cultura de la relación de parejas.

Los pilares que sostienen al matrimonio son el amor, la confianza, la credibilidad, la honestidad. Una relación de pareja se construye día a día, ladrillo sobre ladrillo. “El matrimonio es una larga conversación”, decía Borges. Sin embargo, en este caso de infidelidad se pudo edificar una relación estable y duradera.

En Colombia las familias se conforman, en una inmensa minoría, sin la intervención de las instituciones del estado. La unión libre -sin papeles, sin sellos, sin testigos- es una práctica cultural más habitual de lo que parece, especialmente en las capas bajas de la población. En una sociedad machista como la nuestra la sociedad conyugal se disuelve cuando el hombre se va de la casa o acepta separarse de común acuerdo con su pareja. No hay intervención de onerosos abogados, simplemente el hombre o la mujer abandona la vivienda para que la separación quede consumada.

Casarse es asumir un compromiso ante la ley, ante la sociedad y, si se es religioso, ante Dios y su iglesia en la tierra. Un hombre que “trampea” a su pareja tiene lógicamente que asumir las consecuencias de sus actos y pagar por ellos.

En la cultura Occidental difícilmente pueden cohabitar en un mismo predio dos sociedades, una: el matrimonio legal, y la otra, por fuera de esa “legalidad”. En una sociedad civilizada existe el divorcio o la separación de bienes para “blanquear” la situación de la pareja.

En el caso del travieso uniformado que compartió, al mismo tiempo, sus días con dos mujeres hay una complicidad manifiesta en ambas. Un complot que ultraja ¡la decencia del arrabal!

Un marido modelo, que cumplió a cabalidad con sus obligaciones conyugales en dos lechos distintos. Un meticuloso oficial de policía que no dejó ningún cabo librado al azar. Final de película, final feliz: la esposa engañada y la amante recompensada…

Por eso, el Alto Tribunal le ordenó a la Caja de Sueldos de Retiro de la Policía Nacional, reconocer por partes iguales la pensión sustitutiva tanto a la esposa como a la compañera permanente de manera retroactiva.

¿Eso, también, acaso, estaba previsto?

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10.04.08

Odio xenófobo prende la hoguera

En un acto que subleva nuestra repugnancia, dos personas fueron quemadas vivas en el cantón costero de San Vicente, de la provincia de Manabí a 430 kilómetros de Quito.

Según la policía lugareña los dos hombres de nacionalidad colombiana, uno de ellos identificado como Héctor Fabián Hernández Quimbaya, de 28, habrían asaltado y asesinado a Ramón Zambrano, de 64. Próspero comerciante del sector quien portaba 11 mil dólares para depositarlos en un banco, cuando fue interceptado por dos individuos que se movilizaban en una motocicleta, la cual inexplicablemente se les apagó cuando trataron de huir. “Ciego a las culpas el destino puede ser despiadado hasta con las mínimas distracciones…”

Guarecidos en la intensa maleza, alterando la gran paz del atardecer, los forajidos creyeron, soñaron, escapar una vez más, de ese destino brutal que desde el fondo de los días los perseguía. Pero cuando la tarde moría - sollozando al occidente- la ley los sorprendió y les echó el guante.

Aquí la historia se pierde o se confunde. La versión oficial asegura que la muchedumbre literalmente le arrancó a la policía los dos detenidos y procedió a torturarlos; pero es más verosímil suponer que ambos sujetos fueron entregados por los mismos funcionarios a la turba enardecida. Una muchedumbre que no buscaba justicia: buscaba condena. Los criminales confesaron su delito. El odio xenófobo obró como un acicate… el espectáculo estaba garantizado.

No los mataron inmediatamente, no. Había que hacerlos sufrir por el ultraje padecido, por la ofensa agravada a un pueblo hospitalario. Por matar a un hombre que era una especie de referente por su generosidad y bondad. Un vecino acucioso y siempre listo a colaborar con la sociedad.

Terrible e injusto había sido el crimen, terrible e implacable tenía que ser la represalia. Había que saciar esa sed de venganza tan propia del género. Había que darles un escarmiento ¡a estos colombianos! que sacudiera los trapos de la justicia. Había que prodigarle un castigo ejemplar, un castigo que seguramente recordarán y hablarán las generaciones venideras: “¿dónde estabas el día que entre todos quemamos vivos a dos ladrones?” En la tierra del olvido y la miseria (la humana que es la peor de todas) la ley le pertenecía al populacho exacerbado. Es como si los hombres hubieran decido en esa tarde de perros, bajar de grado, ser inferiores, caer en los peldaños más bajos de la escala de valores.

La malevolencia está incrustada en el pecho del hombre, es su sello de fábrica, desde el nacimiento mismo de la humanidad. Entonces, ¿qué le hace una mancha más al tigre?

Referir con alguna exactitud lo que aconteció en el cantón de San Vicente, es un ejercicio inútil. Además, ¿qué importancia puede tener la muerte de dos pillos? ¿Acaso eso no pasa todo el tiempo? Sin embargo, la forma y el salvajismo más primitivo es lo que duele, lo que hiere, lo que lastima.

No basta descender al infierno para saber describirlo.

Imagino, creo imaginar, gritos inconexos de la multitud pidiendo justicia. ¿Pero dónde encontrar justicia en un pueblo que solo tiene agua potable tres veces a la semana, no hay escuelas y la pobreza abunda? Sumado a esto, los gobiernos con sus discursos incendiarios han atizado el fuego del chovismo en América Latina. Porque esta acción demencial de ningún modo es gratuita.

Nos consta que los malhechores fueron amarrados de pies y manos por seguras cuerdas. Es inevitable conjeturar que pidieron perdón por todas sus culpas, por sus faltas, por su ignorancia, por su pobreza. Por haber nacido en un país de emigrantes, saturado de violencia, desplazados, políticos corruptos y gobernante insensibles. ¡Clamaron con la cara al cielo por un gesto de piedad! Todo resultó inútil, la sentencia ya estaba dictada. La tarde apacible se tornó agria y hostil.

De los insultos e imprecaciones los victimarios pasaron a los hechos. ¡La chusma exigía sangre! La leña, velozmente recogida entre el vecindario, se transformó pronto en una hoguera de pasiones desbordadas en la que los dos delincuentes ardían consumidos por el fuego del infierno terrenal. El pueblo observaba impasible su obra siniestra.

La contemplación del dolor ajeno produce deleite únicamente en individuos anormales. Nadie sano de mente y corazón ve en la tortura física o moral y en la muerte un objeto curioso. Por otra parte, la muerte de cualquier persona que de algún modo u otro, uno pueda llegar a imaginar, despierta compasión.

A la medianoche los cuerpos todavía humeantes de los dos colombianos incinerados fueron retirados, recogidos del parque central. La limpieza social había sido consumada.

La voz de Caín retumba en la conciencia de los testigos de ese horror con más fuerza que de costumbre: “¿Qué haz hecho de tu hermano?”

¡Es terrible haber asesinado a un alma!

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  • Posteado en 10:59:40

02.04.08

Ingrid: las FARC no creen en lágrimas

Debió haber bastante ironía compasiva y un oculto menosprecio en la sonrisa con que Pilatos acompañó su inmortal pregunta: ¿Verdad?, ¿qué es la verdad? Pilatos, que era un exquisito diletante (el diletantismo incluye un cierto deprecio por la verdad) se volvió de espaldas sin aguardar la respuesta de Jesús, persuadido como lo estaba de que no había contestación posible a esa pregunta.

En la guerra la verdad es la primera “casualty”, la primera víctima;
es la espada justiciera de quien la esgrime. En la democracia la verdad tiene tinte oficialista, olor a incienso de iglesia, a micrófonos cómplices, a escritura parcializada: “Temo más a tres periódicos que a 100 mil bayonetas”, decía Napoleón. Ciertamente, la “verdad” le pertenece casi siempre el bando victorioso, al poderoso.

Hoy los políticos mienten más de lo necesario en un congreso diezmado por el escándalo de la parapolítica que le quita legitimidad a las leyes que emergen de su seno. La ética ha sido desplazada por la ambición y la lucha por el poder.

Frente a la realidad suprema “cortinas de humo” y verdades a medias, parece ser la consigna del gobierno de Uribe. A una noticia que sacude los cimientos de la actual administración le sucede otra que mitiga la pena y distrae a la audiencia. Escándalos que sustituyen realidades y que acaparan el interés ciudadano. La verdad se distrae con engaños de utilería, con mentiras, con olvidos irreparables y hasta con amenazas. Todo lo que sirva a la causa encuentra vía libre en la autopista del horror. Son tiempos de doctrinas apócrifas y ataques preventivos en donde los gobiernos cubren la ilegitimidad de sus actos con una mayor cuota de ilegitimidad.

La semana anterior cayó en la red de la justicia por sus nexos con grupos paramilitares, Rubén Darío Quintero, ex secretario privado de Álvaro Uribe en la gobernación de Antioquia. La noticia de por si tenebrosa para el país, pasó de “agache” por la frontera de la opinión pública nacional. El discurso de Uribe ofreciendo garantías, recompensas y exilios dorados en París a los sediciosos que entreguen a secuestrados, incluyendo a aquellos que cometieron delitos de lesa humanidad, copó la parada en los medios de comunicación del día siguiente.

Por si fuera poco a esa generosa oferta de primer nivel, le siguió otra noticia que mueve los corazones sentimentales y oportunistas de nuestra clase dirigente: el estado de salud de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt. Una fácil sentimentalidad que navega hacía un misticismo compuesto más de emociones que de pensamientos, más de aspiraciones que de afirmación. De repente todos tienen algo que decir. Médicos, analistas políticos y hasta curas de pueblos olvidados por la luz de Dios, desfilaron por la pasarela noticiosa. Las especulaciones suplantaron a la verdad. La vida no es cosa triste, pero si es cosa sería.

Exagerado en sus afectos y en sus odios, ni calla los primeros ni oculta los segundos, Uribe lanzó la propuesta de canje de prisioneros a sabiendas que esta sería rechazada. Luego de ese salto al vacío, sin red, quedó la sensación que el gobierno vende humo, no tiene planes ni estrategias concretas, tira dados y salva responsabilidades ante una eventual muerte de Ingrid. Ahora, presionado por la comunidad internacional permite que sean otras naciones, Francia y Suiza, quienes gestionen una misión humanitaria, con las FARC.

La oferta de canje de guerrilleros presos por secuestrados en poder de las FARC “Too little too late” realizada por el presidente Uribe, encontró rápida respuesta en una carta, proclama enviada por Iván Márquez miembro del secretariado. La puerta de la ilusión abierta por el gobierno, fue cerrada abruptamente, como en otras tantas ocasiones, con una simple notificación. Todo sigue igual, o peor.

Desprovisto de sentimientos humanitarios y desoyendo el clamor popular, Márquez afirma en la misiva que el proceso de liberación de Ingrid, ha quedado gravemente herido con la muerte del portavoz de la FARC, Raúl Reyes. El comunicado, que no prescinde de epítetos destemplados hacia la figura presidencial, desprende un vaho pesimista sobre la suerte del intercambio humanitario y la liberación unilateral de prisioneros.

Es de suponer que la negativa de liberar a Ingrid Betacourt y a los otros secuestrados es una medida transitoria. Se vuelve indispensable creer en algo para no caer en la trampa de la desesperación.

Una vez más la agenda la maneja las FARC. Son ellos los que imponen condiciones. Las importantes bajas sufridas en sus filas, en las últimas semanas, lejos de ablandarlos los han vuelto más agresivos, más desconfiados. Saben que los delitos de lesa humanidad, de los que se acusa a esa organización subversiva, no prescriben con un simple decreto presidencial. Nada tienen que perder, por eso son peligrosos. Será difícil negociar con ellos en esas condiciones.

La eventual muerte de Ingrid Betancourt pondría al gobierno de Uribe en una posición muy incomoda frente a la comunidad internacional. Se lo acusará, con seguridad, de no haber hecho lo suficiente para liberar a la insigne cautiva.

Dejar morir a Ingrid para las FARC sería un error político de enormes dimensiones.

La paz no se construye a punta de bombardeos, ni con masacres selectivas, ni con recompensas millonarias a delincuentes y menos con terrorismo de estado. Aun en la victoria habrá siempre que dialogar, que acordar. Esa es la lección que enseña la historia de las guerras en el mundo.

La única verdad es la realidad: tanto el gobierno de Álvaro Uribe como las FARC tienen el corazón vacío de amor humano, ¡apenas humano!

El espectáculo que brindan es indigno de la raza.

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  • Posteado en 09:58:22