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Archivo para: Noviembre 2007

21.11.07

Colombia ganó con altura

Ni se para ni lo paran. En una noche mágica, soñada, la selección Colombia derrotó en forma ajustada, pero merecida por 2 a 1 a su similar de Argentina que dobló las rodillas demolido por la altura, el cansancio, el rival y un público eufórico entregado a su bandera: clasificar al mundial Sudáfrica 2010.

Argentina salió por la pelota y la tuvo durante casi todo el primer tiempo. Dominó a voluntad, incluso, en el tramo que normalmente suele pertenecer a los equipos locales. Su intención no era secreta: aguantar el envite inicial de Colombia y después abrirse en acordeón a través de sus “jugones”: Riquelme, Tevez, Messi.

Falto de fe, Colombia comenzó el encuentro como la noche bogotana: fría, sin ritmo y a la expectativa de las primeras acometidas albicelestes. Sin velocidad, sin tomar riesgos. Temerosa fue cediendo espacios a los gauchos que buscaban en el tiqui-taca, toque corto y devolución, que es su sello de fábrica, imponer condiciones y jugar lejos de su arco. Buscaba en sustancia desesperar al rival con su parsimonia, dormirlo y ganar bocanadas de oxigeno. Fueron tiempos difíciles para una Colombia chata, que carente de ideas sustentables, apelaba con excesiva frecuencia al pelotazo buscando el paradero de ese tranvía llamado deseo que es Wason Rentería.

Nadie ignora que para que Argentina funcione a tope necesita que Riquelme se encuentre con el ritmo de juego que le interesa y que Messi tenga esa chispa que le permite poner el partido patas arriba en un suspiro.
Pero cuando promediaba el primer tiempo ocurrió un hecho imprevisto, que cambió por completo el trazado del match y dejó a los rioplatenses con un jugador menos: Carlos “el apache” Tevez, el hombre del Bronx de Buenos Aires, aplicó un rústico codazo a su marcador Rubén Darío Bustos. El souvenir de guerra no pasó desapercibido para el árbitro uruguayo, Jorge Larrionda, quien envió al agresor inmediatamente a las duchas. Esa grosera expulsión resultó ser la clave del match.

El partido era aburrido, de solemnidad en un terreno de juego veloz machacado por las inclementes lluvias vespertinas. Pero del fango surgió una joyita. Riquelme, el hombre que no tiene planes, improvisó un pase maravilloso a la “pulga biónica”, Lionel Messi, quién mostrando una superioridad insultante con el balón en los pies eludió alternativamente a Bustos, Moreno, Mosquera y se lo cruzó a Agustín Julio. Nada que hacer: ¡Golazo!

Cuando el primer tiempo aterrizaba Argentina gozó de otra ocasión de gol: Riquelme, el genial maestro de ceremonia, le metió un balón al pasillo, entre los centrales colombianos, a Hugo Ibarra dejándolo solo y su alma frente a al portero Agustin Julio. Ahí pudo sellarse el brega. Ibarra lo indultó.

El partido dio un vuelco trascendente en el segundo periodo. Colombia sacó el hacha de guerra. Mostró la actitud largamente solicitada, exigida, es la palabra correcta (con jugadores que temen ser indignos de lo que se espera de ellos) y lanzó a su caballería rusticana “a matar o morir” ante un estadio que rugía. Los ingresos de Macnelly Torres y Freddy “Totono” Grisales le cambiaron por completo la cara al equipo.

Grisales que aporta claridad cuando la mano bien mal (increíble que todavía Castrillón sea titular) le imprimió dinámica, solidez, y sobre todo actitud al representativo local.

Ahora, eran los cafeteros quienes manejaban el partido, quienes imponían condiciones, frente una selección argentina que comenzaba a arrastrar los pies y su sombra por el gramado. La altura ahogaba las ideas y paralizaba las piernas del plantel gaucho. Colombia, supo que su tiempo de sonreir había llegado…

Se dice que cuando Dios está irritado se ensaña con los favoritos. Un tiro libre y Bustos, el distraído, el mismo que patrocinó con dinero de su propio bolsillo la “apilada” de Messi, cruza el campo sediento de venganza. El estadio contiene la respiración. Un tiro libre y la gloria. El villano regresa al barrio vestido de héroe. Deuda saldada. Nunca es tarde para volver a empezar, ¡Golazo!

Las estrellas argentinas necesitan de un tejido colectivo para mantenerse en el partido. Hay dos clases de artistas: unos traen respuestas y los otros preguntas. La albiceleste depende en exceso de la inspiración de Messi. La jerarquía individual esta vez no alcanza. El empate sigue siendo, a pesar de todo, un buen negocio: con diez hombres y en la altura de Bogotá, no es poco mercado para llevar a casa.

Pero Colombia tenía otros planes. El enemigo estaba en casa, respirando con dificultad y escaso de piernas. Había que asestarle la estocada final. Una cabalgata infernal de Dairo Moreno, la defensa Argentina que se queda parada reclamando un inexistente fuera de juego y la noche que había comenzado oscura inesperadamente se despeja. El destino le tenía reservada a la afición la mayor de sus sonrisas. El gol, la victoria y el júbilo ya tienen un solo propietario: el pueblo colombiano.

Colombia ganó con justicia porque siempre creyó en sus fuerzas y en sus posibilidades. Festejará navidades montado en el árbol de la ilusión y sabiendo que tiene argumentos futbolísticos de sobra para llegar a Sudáfrica.

Falta mucho, es cierto, pero esta noche su selección bajó a un grande de una pedrada en la frente con una cauchera y atrapó una estrella llamada esperanza.

No es poca cosa… para un solo día.

  • Creado por  jlinares50 Creado por jlinares50
  • Posteado en 08:28:46

15.11.07

Piedad: las fotos de la discordia

Una postal clásica. Piedad con su exótico turbante rojo, antes que cualquier otra imagen. Piedad en una prisión de Estados Unidos abrazando fraternalmente al líder extraditado, de las FARC, Simón Trinidad, que no es precisamente el hijo de la santísima madre.

Piedad informal, casual; el calor pega duro en la selva, ahora luce una boina Chavista. Se la nota más suelta, más “cool”, sin el clásico turbante que es su seña de identidad y un ramo de rosas rojas que sella el momento. La rodean tres guerrilleros: Granda, Márquez, Santrich, en uniformes de campaña, ella sonríe, luce feliz. El flash transmite calma, sosiego, tranquilidad, familiaridad.

En la foto Rodrigo Granda, a quien el presidente Uribe liberara por solicitud de su homólogo francés Nicolás Sarkozy, se muestra serio, formal. Al fin y al cabo, Granda es el Canciller de las FARC y ese evento social es un mero acto de protocolo. Puro formalismo diplomático del tercer mundo que exige la fotografía de rigor entre el huésped y su anfitrión. Granda conserva ese aire de misterio: Cuba le sienta bien.

En cambio, Luciano Marín, alias “Iván Márquez”, mucho más canchero, aparece en la foto con sus brazos apoyados sobre los hombros de Piedad, como quien abraza a un compañero de universidad luego de una noche de farra.

La “buena gente” de Colombia representada mínimamente, casi siempre por la clase que gobierna, se escandaliza, murmura, lanza dardos venenosos. Piensa mal y acertarás. ¿Cómo puede ser? ¿Ella de picnic de egresados?, mientras los cautivos pasan horas amargas…

Los malos pensamientos habitan en la mente del hombre no en el inocente souvenir fotográfico.

La escena campestre de la “foto” no tendría nada de anormal piensan los “buenos”, sino fuera, porque la senadora Piedad Córdoba es la mediadora de un proceso de intercambio humanitario, entre el alto gobierno y los insurgentes. Piedad posa sonriente con los secuestradores de las personas que ella, a través de su gestión intenta liberar.

¡Es la prueba reina!, gritan los detractores del proceso. ¡Ella es una de ellos! La sospecha se instala en la sociedad y cotiza al alza en la bolsa bursátil del humor público. Hasta el clero se muestra reacio a conceder alabanzas diplomáticas a la negociación. La foto selvática los desanima, los desconcierta. En últimas, ellos se mueven al compás de las sensaciones oficiales.

¡Piedad dio papaya! No conservó la forma, el estilo la distancia, la prudencia, como lo venía haciendo. Las alarmas se han encendido peligrosamente y provocan inquietud entre los “buenos” observadores locales. Lo dice el refrán: “No basta que la mujer del César sea fiel, sino que lo parezca”. Piedad, sin pensarlo y seguramente sin quererlo ha cruzado la delgada línea roja.

Son las fotos de la discordia
dentro de un proceso que está muy lejos de ofrecer satisfacción garantizada a todas las partes. El gobierno de Uribe juega a dos puntas: por un lado bendice y agradece a la senadora y a Chávez sus buenos oficios para lograr el intercambio humanitario y por el otro, amenaza a Marulanda con una “buena matada” si sale de su guarida.

Las inocentes fotografías de Piedad, increíblemente, adquirieron una magnitud inusitada, parece importar más la envoltura que el caramelo. Si Piedad tuviera, realmente, algo que ocultar de seguro no aparecería ¡ni en la foto!

Es evidente que hay un constante afán por buscar problemas donde no existen. Nada erosiona más la confianza que la duda. La duda crea desconcierto, desconfianza, inseguridad. Todo lo que laboriosamente están construyendo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez y la senadora Piedad Córdoba para lograr el acuerdo humanitario con las FARC, puede irse al garete, si la sociedad colombiana se deja arrebatar por la ansiedad y el pesimismo de los “buenos”: esos que nunca se equivocan porque nunca patean un penal en un partido de eliminatorias.

Piedad Córdoba conoce el tejemaneje de la relación gobierno-guerrilla. Ella fue la que comprometió la figura de Chávez. Sabe que el lenguaje incendiario que utiliza el gobierno no ayuda. El diálogo amistoso distiende, crea un clima de confianza entre las partes. La foto es la prueba de que la cosa marcha… Nadie se ofrece a arriesgar su pellejo, su prestigio si no ve un halo de luz en el horizonte.

Hace unos años Piedad estuvo secuestrada por uno de los criminales más célebres de Colombia: Carlos Castaño. No tuvo, en esa ocasión, que renunciar a sus principios ni claudicar a sus ideas para conseguir su liberación.

¿Por qué dejar que la presencia de un solo árbol nos impida ver la totalidad del bosque?

La foto es solo eso… nada más que eso.

  • Creado por  jlinares50 Creado por jlinares50
  • Posteado en 06:24:05

07.11.07

REINAS: circo y silicona

¡Por fin! le llegó al país la hora del recreo. Luego de un año cargado de noticias deprimentes, de crímenes por encargo, delincuencia urbana, secuestros extorsivos, parapolítica, guerrilla, corrupción, fraude, inundaciones, más la amenaza, siempre latente, de que el presidente Álvaro Uribe -revitalizado con emulsión de Scott- se lance a la aventura de una segunda reelección. Nada es imposible en la tierra del olvido: todo lo que está mal puede ponerse peor.

Pero ¡basta de malaria!, basta de “pálidas” que arrugan el alma y encogen el bolsillo. Basta de la cultura de la queja permanente, hasta las malas noticias tienen derecho a descansar, a irse de vacaciones, a dejarnos tranquilos en el anochecer de un año agitado, movido. Es momento de comenzar a ahogar con vino dulce las penas amargas: “…convertido en vino habré de volver… y cuando lloren las viñas, para que rían los hombres habré de mojar las bocas de mis viejos compañeros o tal vez de la que quiero y no me supo querer…”.

Llegó el tiempo de las chicas plásticas, de los pechos ardientes inflados de silicona, del culo magistralmente contorneado, perfecto; del vestido señorero pagado por algún mafioso enamorado y confeccionado por algún gay ilusionado. Es el mundo de la fantasía que irrumpe, del brazo de Raimundo Angulo -¿de quién otro, sino?- y su trouppe de muñecas de porcelana. Un verdadero descanso para el intelecto: “Las mujeres no están para ser comprendidas, sino para ser amadas”. Llegó ¡al fin! una nueva versión del Concurso Nacional de Belleza, un inofensivo y folclórico festival de carne fresca tipo exportación.

¡Lo dije ya! es la hora del pueblo, de la diversión… La hora de Roma.

Este año, el concurso, trae una feroz cohetería y promete hacer estallar de emoción el palco oficial, donde una jauría de babosos nuevos ricos (plata en mano, reina en tierra), y avezados políticos defienden a brazo levantado, a pupitrazo limpio, a las doncellas de sus departamentos. ¡Qué cuerazo! esa fácilmente puede obtener una curul en el próximo Concejo… en mi lista, claro.

¡Qué suenen las trompetas!, o mejor, que los rejuvenecidos cañones de la Marina, esos que sirvieron para ahuyentar de la Costa Pacifica a piratas del calibre de Morgan o Drake -robaban para la otra corona, la de Inglaterra-, den la bienvenida con los 21 cañonazos de rigor a las postulantes al trono de Señorita Colombia 2007.

Es una lástima que el contralmirante Gabriel Arango Bacci
haya sido bajado abruptamente de la cartelera circense. ¡Era tan majo!, ¡tenía tanto glamour!... Las reinas parecían flotar en el aire cuando bailaban con él. Las confesiones de “Chupeta”: el célebre narcotraficante que cayó hace cuatro meses en Brasil, le borraron la sonrisa de la cara. El narco asegura haberle disparado, conjuntamente con el estado mayor del Cartel del Norte del Valle, un terrible “cañonazo” de 500 mil dólares que fue a caer justo en una cuenta bancaria del uniformado. ¡Qué pena, debe ser un error! ¡Qué horror!

Tiempos azarosos ha vivido el Concurso Nacional de la Belleza en sus 73 años de existencia. En las primeras décadas del reinado, la iglesia se oponía rotundamente a que las candidatas desfilaran en traje de baño. Hoy el obispo se duerme si eso no sucede.

La década del 90 fue la época de las cirugías, de la silicona, del “chulaje” y del “apriete”. Cada candidata, arribaba a Cartagena con su propio cuerpo de seguridad y su Perafán de bolsillo. El lujo, el glamour y la ostentación invadían las pasarelas del concurso, la encarnación de la vanidad: "image es everything", (la imagen lo es todo). Una candidata llegó, incluso, ha desfilar vestida de Cleopatra frente a una formación de guardaespaldas que la ovacionaban, convencidos de que la reina del Nilo había resucitado. Increíblemente, nadie notaba nada raro.

“Quiero ser como la madre Teresa de Calcuta”, dice una aspirante al trono que tiene un lomo, capaz de saciar la sed de cualquier macho vigoroso. La platea sonríe con débil asombro. Nadie espera que ellas digan algo memorable. “Yo quisiera ser presidenta de Colombia para ayudar a los más necesitados” dice otra, empleando un lenguaje que la excede.

El público escucha a las candidatas como quien oye la lectura de la constitución, sin ganas de hacer bromas, porque no se hacen bromas con esas cosas, pero deseando que la cháchara termine y las muchachas desfilen en ropa intima.

La mujer reducida a ser mirada como un ejemplar de la especie.

Lo mejor del reinado de belleza no se distingue de lo peor, pero el respetable goza, la televisión factura y Raimundito festeja.

A pesar de ser antigua la receta todavía funciona: si no puedes darle comida decente, educación y salud al pueblo, ¡distráelo!

El remedio es parte de la enfermedad.

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  • Posteado en 06:48:56