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31.10.07

Rock en la ciudad de la furia

Bogotá, la ciudad de la furia, la misma que el escritor argentino Miguel Cané catalogó como “La Atenas sudamericana” sacude sus trapos, sus insignias, sus blasones desteñidos por el tiempo, por la corrupción, por los abismos en materia social, por la adversidad y se lanza a la aventura del XIII Festival de Rock al Parque gratuito y al aire libre más grande de América Latina.

La multitudinaria parranda rockera comienza su cabalgata infernal, en el escenario mayor del Parque Metropolitano Simón Bolívar el próximo sábado 3 y se proyectará, llueva, truene o relampagueé ¡prohibido enfermarse! hasta el lunes 5 de noviembre.

El evento, en constante ebullición desde su creación en 1995 hace parte de la serie Festivales al Parque impulsado por la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte e incluye, Ciclos de Conciertos de Música Popular Urbana. Dentro de éste mismo programa también gana espacio el Hip Hop al Parque.

En el 2006, el festival de Rock al Parque cerró con todos los fierros y a todo timbal con la desbordante presentación del parisino, José Manuel Tomás Arturo Chao, más conocido, venerado, es la palabra correcta, como Manu Chao. En esa última, memorable e inolvidable noche el festival alcanzó su curva máxima de concurrencia, albergó cerca de 70 mil almas. Fue sin duda la mejor actuación de un artista sobre el escenario a lo largo de la docena de festivales que se llevan realizados.

Este año, las campanas doblarán sus espaldas por 14 bandas de Rock and Roll venidas de diferentes lugares del planeta, y 37 locales, muchas de ellas consagradas que seguramente levantaran el ánimo de una población saturada, luego de las intensas y poco claras campañas políticas para elegir autoridades.

Entre las bandas foráneas, exponentes de sonidos que van desde el rock fusión metal, rock progresivo, hardcore, indie hasta el pop, se destacan: Heaven Shall Burn (Alemania); Azafata, Carajo y Divididos de Argentina; Los Bunkers (Chile); El cuarteto de Nos (Uruguay); Rockola Bacalao (Ecuador); Los amigos invisibles (Venezuela); CienFue (Panamá); Thermo, Finde, Quiero Club (México); Coheed & Cambria (New York, USA) y Have Heart (Boston, USA).

El cartel local incluye a varios colosos del rock doméstico como: Aterciopelados, Sidestepper, Morfonía, Alerta, Chucho Merchán, The hall effect, Tres de corazón, Superlitio, Ultrágeno y Agony. A estos especímenes bogotanos hay que agregarles tres bandas de la capital antioqueña: De bruces a mi, Grito y last but not less, Nepentes.

Trece bandas de renombre se acomodarán a otras 24 ganadoras de la convocatoria adelantada por la Secretaría de Cultura y brindarán un merecido y esperado homenaje al rock nacional.

Se descuenta que una de las novedades importantes de este XIII Festival de Rock al Parque, será la presentación de 7 videos musicales y los 2 de Filminutos ganadores del concurso Audiovisual y Memoria de Ciudad que se presentarán en los intermedios de las bandas durante los tres días del festival.

Entre los grupos extranjeros que se presentarán en el Festival se destaca el bonaerense Divididos, “la aplanadora del rock”, por su powerfull sonido, formado en 1988 con ex integrantes de Sumo. Divididos tiene una particular influencia del rock funk y ha incursionado con algún éxito en ritmos folclóricos argentinos e incluso en el tango. El trío ha tenido distintas formaciones en su plantel, pero ha conservado a sus dos principales figuras: Ricardo Mollo (voz y guitarra) y Diego Arrendó (bajo).

Otra agrupación rockera para mirar de reojo es Thermo, de Guadalajara, Jalisco, formada en 1996 que ha ido mutando personal, pero mantiene la esencia del Rock mexicano, que a su vez, se nutre de sonidos del país del norte.

Los gringos de Coheed & Cambria (“No World for tomorrow”, su obra más reciente), son otros bravos del metal. Oficialmente la banda comenzó su carrera en el 2001, aunque estaba formada desde 1995, bajo el nombre de Shabutie e interpretaba indie electronic rock y poppy metal. En el 2005 metieron un hit “The suffering”, en el Billboard’s llegando a ocupar la séptima ubicación entre los Top 200 por varias semanas.

Los amigos invisibles era la muletilla con la cual el escritor e historiador venezolano, Arturo Uslar Pietri, acostumbraba a comenzar su programa semanal de televisión “Valores Humanos”. De esa frase feliz nació en 1991 la banda de rock Los amigos invisibles, cuya música mezcla elementos de la música disco, el acid jazz y el funk con ritmos latinos. Han sido animadores frecuentes del los Premios Grammy y su regional Grammy Latino, la última vez, en la categoría. “Best Latín Rock, alternative or urban album”, en el 2005.

Los Amigos Invisibles y Aterciopelados cerrarán las puertas de este megaevento, el XIII Festival de Rock al Parque el próximo lunes.

¡Ni se te ocurra venir a Bogotá si no es para divertirte!

De eso, también, se trata la vida.

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25.10.07

Millos da un golpe de estadio

Millonarios ha vuelto en una noche mágica con cielo despejado y sin estrellas. Ha retornado con la frente alta y con la espada inquieta a reclamar su lugar en el mundo, su lugar en la historia del fútbol continental. Dos fogonazos de su capitán Ricardo Ciciliano le bastaron para pasar de la fe a la certeza y desatar la fiesta en la ciudad de la furia. Venció con autoridad al encopetado Sao Paulo de Brasil, 2-0, y clasificó contra todo pronóstico a la semifinal de la Copa Sudamericana.

Desde el primer minuto se vio que los locales dejarían el alma, que es su traje de gala desde que el argentino, Mario Vanemerak, se hizo cargo de la plantilla hace apenas dos meses. El equipo Embajador salió prendido por el entusiasmo desbordante de la grada, ante un Sao Paulo que no reconoció en su adversario su poder ni su gallardía, confundido quizás, por las últimas versiones de una institución azul llena de cicatrices y fracasos. Era cuestión de creer, guapear, cantar y coser.

Los primeros 30 minutos fueron de intenso dominio Paulista. Millos aguantaba, sostenía el partido agazapado, esperando su oportunidad, realizando una defensa salvaje de sus predios. La misma que acostumbra cuando un equipo extranjero quiere invadirle su casa, arrebatarle una ilusión. La bandera del no pasarán fue el emblema y la muralla que levantó en esos primeros minutos de incertidumbre.

El Sao Paulo pecaba de ansioso frente un Millos que lo iba desgastando y demoliendo con su marca. El equipo brasileño llegaba con cierta propiedad y buen juego hasta la última frontera de la defensa azul, pero carecía de contundencia. Los Paulistas equivocaron por momentos la táctica a seguir, abandonaron el toque y la paciencia como doctrinas y se empeñaron en tratar de buscar soluciones individuales, siempre por el centro donde los locales habían construido una trinchera inexpugnable.

A Millos le bastó con contener a las individualidades rivales en los últimos metros para apoderarse del mediocampo y establecer condiciones. Ni Richarlyson ni Hugo parecían interesarse en el match, sólo el hombre de Pernambuco, Anderson Hernanes, se las ingeniaba para alimentar con precisos balones a un voluntarioso y poco efectivo José Da Silva Aloisio y al intrascendente Dagoberto.

Las corridas por el ala derecha del revoltoso, Ervin Gonzales, causaban zozobra a la austera y lenta defensa brasileña que inexplicablemente concedía ventajas. Rafael Robayo fue otro que no respetó los pergaminos del rival. Ambos dispusieron de sendas ocasiones de gol que no lograron concretar frente a Rogerio Ceni. El último segmento del primer tiempo le perteneció a Millonarios que comenzó a crecer a través de sus centrales Gonzalo Martínez y Andrés Mosquera.

Está demostrado que en su estadio, el equipo azul se vuelve loco en las segundas partes. Es cuando aprieta, remonta y decide partidos. Es cuando da el embate final. Millos sabía de memoria que los últimos 45 minutos frente al Sao Paulo, representaban la puerta de entrada a la gloria.

Como era de esperar el Sao Paulo salió en el segundo período a jugarse la ropa y el prestigio. Se adelantó en el terreno, arriesgó el presupuesto del semestre, dejó espacios libres en su campo y no encontró la diferencia en el marcador que hubiera justificado esa aventura. Un desborde de Jonathan Estrada por la izquierda, un centro al corazón del área y Ciciliano que levanta la cabeza… ese gesto es decisivo porque en el fútbol primero se ve, luego se piensa y se calcula. El fogonazo genial en su cerebro le dice que Rogerio Cenit permanece empotrado en su arco. ¡Es ahora o nunca! El remate sin dejar picar el balón corta el aire, la noche y estremece a la parroquia: ¡Golazo!

Otro ataque profundo del Sao Paulo que Robayo salva sobre la misma línea de sentencia y de ese susto sale la sorpresiva corrida de Ciciliano, el hombre del match, que con remate cruzado sacude la red Paulista y pone patas arriba al estadio.

El fútbol se hace menos dramático cuando lo ejecutan los que saben.

Millonarios puso la letra, el fútbol, el rigor y una cultura de sacrificio admirable.  

¡La clase obrera va al paraíso!

Da la impresión que no necesita ayuda divina…

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15.10.07

Meritorio empate de Colombia

Colombia comenzó su andadura por las eliminatorias a Sudáfrica 2010 con un empate sin goles frente a un Brasil inexpresivo, apático y mezquino que no dejó ninguna propina, ninguna moneda de su innegable talento sobre la mesa de juego en el estadio El Campín de Bogotá repleto “hasta las banderas”.

De entrada, la selección nacional lo miró a los ojos sin miedo, le faltó el respeto sin bajar la vista como los boxeadores en el pesaje y atacó por el flanco derecho a una defensa verdeamarelha que no hacía pie en el resbaladizo césped. Sólo la impericia de los delanteros cafeteros, el azar y el arbitro Carlos Amarilla, que no cobró un claro penal a Rentería, el mejor jugador del match, le impidió irse en ventaja al término de la primera etapa.

El partido comenzó con Brasil tocando y tocando, reconociendo el terreno con el empaque de los equipos grandes, esos que olfatean antes de lanzarse a la aventura de un ataque que ya creen conquistado. Wason Rentería, que da la sensación de ser esa clase de delanteros que revolucionan los partidos desde la anarquía del regate, tuvo dos nítidas opciones de gol que Julio Cesar, portero del Inter de Milán, logró conjurar.

Pero Brasil, que sabe que el éxito pasa por lo que ellos hagan en el césped, no por lo que realice el rival, aguantó sin inmutarse ante la temprana tormenta, en una tarde bogotana llena de malos presagios para el representativo local.

El poderoso Brasil sufría lo indecible para mantenerse en el partido que le fue rebeldemente esquivo desde el mismo inicio. Nadie ignora que Brasil, del mediocampo hacía adelante es pura nitroglicerina. Por suerte el tridente, Ronaldinho, Kaká y Robinho, imprescindible para asegurar sustentabilidad energética a su único hombre de punta, Wagner Love, permaneció apagado durante todo el domingo. Kaká, cuya pierna derecha es el termómetro del equipo, nunca encontró ni el tiempo ni el espacio para descargar su patada letal. Ronaldinho, por su parte, abusó del traslado (no la suelta hasta que no tiene claro el pase, que suele tener siempre alguna intención dañina), y fue presa fácil de una defensa colombiana, solvente, concentrada y prolija.
En la segunda mitad, el “seleçao” tuvo que apelar a su defensa y a sus volantes centrales para mantener los colores de la cara y ganar bocanadas de oxígeno. La altura de Bogotá cumplía con su tarea demoledora. Los auriverdes dormían la siesta de julio con el revólver en la cintura a la espera de una oportunidad que nunca les llegó. Gilberto Silva, el capataz del Arsenal inglés, repartía tarjetas, suela y sudor ante la mirada de un juez paraguayo demasiado inclinado a respetar a los próceres brasileños.

El que gobierna el mediocampo maneja el partido, dice el catecismo futbolero. La selección de Jorge Luis Pinto tomó posesión de ese sector de la cancha a través de un soberbio Carlos Sánchez; y con un batallador José “Ringo” Amaya” cortó los circuitos de la creación de la verdeamarelha para comenzar luego desde ahí su tarea de “ablande” a la última línea brasileña que concedía algunas ventajas.

El ingreso de Freddy “Totono” Grisales por David Ferreira, le dio un baño de champú al mediocampo nacional. Sus pases entrelineas, sus cambios de ritmo alteraron el pulso de la concurrencia, pero lamentablemente no modificaron el resultado.

Colombia luchó con fuerza, con entusiasmo, con hombría, con talento, pero todos esos recursos no le alcanzaron para marcar en la pizarra la diferencia que exhibió en el gramado. Faltó el gol: la recompensa apoteósica que mereció largamente, por un trabajo casi sin errores a lo largo de los noventa minutos.

Es curioso cómo la realidad se encarga de corregir a los expertos que habían vaticinado un fácil triunfo del “scratch”.

Brasil está más allá de la imagen que lo refleja en el espejo. Es un equipo de millonarios dirigidos por un obrero del fútbol. Hizo lo justo para llevarse un empate y encontró petróleo sin arriesgar.

La selección Colombia, que apostó a crecer desde la defensa, está comenzando a convencer al pueblo futbolero. Una cosa es cierta: se han convencido ellos primero.

Este partido frente a la heptacampeona del mundo dio algunas luces sobre una nueva etapa en el fútbol nacional.

El crédito quedó abierto para el partido del próximo miércoles ante Bolivia en La Paz.

¿Vio que sí se puede?

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11.10.07

Millos: hasta la victoria siempre

Millonarios mostró su chapa de equipo grande en el Morumbí y se alzó con una victoria histórica, inolvidable, sufrida e inobjetable: 1 a 0 frente al encopetado San Pablo en el marco de los cuartos de final de la Copa Nissan Sudamericana.

Los fantasmas de quienes hicieron grande a los “blue”: Pedernera, Rossi, Funes y otros próceres olvidados por el tiempo, por las constantes crisis azules y por la poco eficaz gestión directiva, se pasearon por el gramado Paulista en una noche llena de sufrimientos con final feliz.

El San Pablo subestimó a un Millos en estado de gracia. Y subestimar al equipo embajador, en estos momentos, es como ir a la cama con una cobra.

El parto fue doloroso por eso la cara de felicidad brillaba en todos los integrantes del plantel al final del trabajo. “No me cuentes los dolores del parto, muéstrame la criatura” decía la política israelí Golda Meir (1898-1978). Pero narrando, relatando los detalles es que se puede valorar en su justa dimensión el colosal triunfo azul.

Porque hace menos de dos meses Millonarios era un cadáver ambulante.
Solo faltaba que alguien le diera cristiana sepultura. Había en su rostro tantos inviernos, derrotas, que tal vez la muerte tuvo piedad… Pero el espíritu de los grandes es proporcional a la estatura de su prestigio, a su linaje. El destino le tenía reservada, sin embargo, una noche, una noche fría y sin estrellas; la noche en que Millonarios vio reflejado su propio rostro victorioso en un campo de juego.

La afición de Millonarios poco habituada al triunfo solo necesitaba una fecha y un lugar para desatar un torrente de emociones controladas en tardes esquivas, amargas, olvidables.

Y quiso Dios, para burlarse de todos y de mi en especial, que Luís Zapata, el Beckam negro, cuyos centros al área enemiga van casi siempre a caer a la pista dos de El Dorado, fuera el héroe de una jornada memorable, de una faena espectacular. Dios se permite imponer condiciones… ¡Aleluya!

El autor intelectual de esta resurrección de Millonarios es indudablemente, el argentino, Mario Vanemerack, quién llegó al club de sus amores para reflotarlo cuando éste se hundía irremediablemente en el fango de la historia. El ex volante central, hombre de cemento y garrote en el mediocampo azul en las temporadas 87-88 fue el encargado de darle una bocanada de aire puro a este muerto lujoso.

La realidad cotidiana requiere de hechos asombrosos, de aventuras increíbles. Millonarios tenía marcada en su agenda, desde hace tiempos, una cita con la historia, esa que ahora le da ahora otra oportunidad.

Millos el milagroso, no estaba muerto, solo dormía...
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Impunidad diplomática

Ingresan al país casi sin saludar. En el aeropuerto El Dorado un funcionario de la embajada sobriamente vestido los espera. El semáforo que decide, aleatoriamente, cual equipaje debe ser revisado y cual no, permanece en verde. Es obvio que está todo coordinado, controlado. Inmensas tulas y hombres de pelo corto y rostro adusto, que no pasan desapercibidos, traspasan sin mirar a nadie la frontera virtual: “son marines gringos”, murmura por lo bajo un curtido agente del DAS a su neófito colega. El acto rutinario concluye sin palabras, solo gestos y premura. Un vehículo los aleja de la Terminal aérea, limpios de polvo y paja hacia un destino desconocido. ¡Aquí no ha pasado nada! La deuda de gratitud, a la colaboración foránea, para eliminar a la guerrilla y al narcotráfico se paga cerrando los ojos, mirando al costado, callando e incumpliendo normas aduaneras. Incumpliendo la ley, la cosa comienza mal…

Las tropas de EE.UU. en Colombia gozan de tratamiento, privilegios e inmunidades que le otorga la Convención de Viena, sobre Relaciones Diplomáticas y Consulares de 1961, no como embajadores sino como si fueran "personal técnico y administrativo de la Embajada" norteamericana. El tratado que dio origen al Tribunal Penal Internacional (TPI) autoriza a la derogación de juicios ante ese tribunal en caso de acuerdo bilateral.

El portador de la inmunidad diplomática se encuentra fuera de la jurisdicción criminal y civil del Estado huésped, y por lo tanto no responde ante la ley de ese país. ¡Más claro: agua!

Colombia, junto con Israel y Rumania, fue el primer Estado soberano en garantizarle inmunidad diplomática en su territorio a cualquier miembro de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. ¡Hagan lo que quieran!, las leyes colombianas los protegerán, es el mensaje.

Si un Estado se pone remolón o no cumple con las condiciones impuestas, se lo amonesta primero con una “nota diplomática”; si insiste en no acatar o se rebela, se le retira la asistencia económica o la ayuda militar. Así funcionan los negocios internacionales y lo convenios bilaterales. Detrás de cada acuerdo comercial que pueda, eventualmente, favorecer a un país hay un condicionante político o un componente militar.

Amparados por las leyes locales y convenios internacionales, los militares gringos, con “licencia para delinquir” dan rienda suelta a sus bajezas. Hay evidencias de que los “huéspedes” abusan de la generosa hospitalidad colombiana.

El último acto de este teatro de lo absurdo, lo protagonizó un militar del Ejército de los Estados Unidos, quién abuso sexualmente a una niña de 12 años en la base aérea de Tolemaida, Melgar.

El héroe de esta negra historia en tierra amiga, aliada y socia incondicional, fue el sargento segundo Michael J. Coen en complicidad con otra rama del mismo árbol, el estadounidense de origen mexicano, César Ruiz, un veterano “de mil delitos”. Ambos adscritos al Plan Colombia, de lucha contra el narcotráfico y abocados a perseguir a grupos armados ilegales. El aberrante ataque sexual fue cometido en el propio apartamento que Ruiz tiene asignado dentro de Tolemaida, la base aérea más importante del país. La más vigilada… ¡Qué ironía!

El gobierno de Estados Unidos, que pelea varias guerras en forma simultanea, ofrece un programa de reinsersión a la sociedad, a los delincuentes presos en sus cárceles bastante curioso: libera, con aprobación del Departamento de Justicia, a condenados a cambio de cumplirle un servicio al país. Por lo general, los visten de reclutas, los animan con algún salario, léase descuento de penas, y los envían como “carne de cañón” a Irak o Afganistán o a algún polvorín próximo a estallar, en Oriente Medio. De ninguna manera resulta inverosímil pensar o suponer que alguno de estos “indeseables” haya recalado en Colombia.

La rata Coen abandonó el país “amparado en su inmunidad diplomática”
mientras, que su compinche Ruiz se sostiene, increíblemente, atrincherado en su puesto de lucha, brindando asesoramiento antiguerrillas a las fuerzas locales y dictando conferencias sobre Derechos Humanos.

El expediente del Sargento Coen y su fiel compañero de tropelías Ruiz, quedará discretamente archivado, anotado en el debe de una deuda que nadie cobra porque a nadie interesa. Los sagrados intereses de la patria están por encima de cualquier situación individual, por más desagradable que esta sea, piensan los políticos oficialistas. Por encima incluso de la propia ley colombiana.

¡Inmundicia diplomática!, grita, la popular…en esta democracia tercermundista no se escucha a la voz del pueblo.

¡Pasen, pasen, bienvenidos a Colombia!, estamos de oferta…

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