15.08.07
Bielsa: balada para un loco
En la sociedad nuestra de cada día se acostumbra a denominar “loco” a aquellas personas diferentes, las que van más allá del límite fronterizo de la razón, las que patean con su conducta el tablero de lo preestablecido; las que azuzan con sus actos la imaginación de una sociedad anodina, aburrida, indiferente. Personas que no llevan el precio de venta en la solapa o en la frente; individuos que no trafican con la palabra lisonjera, con el abrazo oportunista o con el beso traidor…
Ellos (esta clase de locos) caminan por la vida con la espada en alto, no les importa agradar, no están para complacer con sonrisas de utilería a una sociedad que los mira como bichos raros, como gente extraña. “Cuando muera quiero que me entierren de pie pues toda mi vida he vivido de rodillas”, me gritó un sublevado, un aspirante a loco, el día que se le corrió la teja y se recibió de hombre libre.
Loco es aquel que camina 1.200 kilómetros, Zandoná- Bogotá, encadenado a la fe, portando la efigie de un hijo que posiblemente este muerto, contabilizado en la columna del “debe” por los hombres cuerdos que gobiernan el mundo.
Si la providencia nos niega a los sensatos, sí los cuerdos son incapaces de guiar la barca hacia Sudáfrica 2010, entonces, dejaremos todo al arbitrio de un loco, pensó la Federación Chilena de Fútbol y nombró como técnico de su selección absoluta al rosarino Marcelo Bielsa.
Para aceptar dirigir a “la roja” el loco Bielsa puso condiciones que no figuran en los manuales del “digno vivir” porque se dan por descontadas: que se les pague puntualmente a los jugadores; que se arreglen los baños, las duchas, el comedor y las instalaciones de entrenamiento en general; que se acondicione el campo de juego.
Es una locura pensaron: Bedoya, Jesurum y los demás elefantes federativos, desistiendo de contratar, el año anterior, a Bielsa. Mejor con ese dinero traigamos cuatro cámaras hipóxicas y aumentemos un poco los viáticos…de los directivos: ¡claro está! Total, que le hace una mancha más al tigre…
Los chilenos pensaron diferente: Si mi hijo está enfermo debo traer para salvarlo al mejor médico del mundo, no importa su precio, su nacionalidad o su locura. No es posible curar el cáncer con aspirinas…Si uno confunde el síntoma con la enfermedad el paciente muere.
El fútbol colombiano y su par chileno tienen una historia clínica pareja en fracasos deportivos. Sus enfermedades, sin embargo, son de naturaleza bien distinta. Al fútbol cafetero se lo asocia a menudo con los “dineros calientes” del narcotráfico, al chileno se lo reconoce por la indisciplina de sus players dentro y fuera de la cancha. “No los une el amor, sino el espanto…”
Ambos eligieron facultativos y remedios diferentes: el primero aplicó la fórmula de “mejor malo conocido…” y optó por un menjurje casero (unas cucharaditas de ese amargo jarabe, ya nos lo dio a probar el doctor Pinto en la Copa América), capaz de aflojarle el vientre al más sereno de los hinchas locales. Los chilenos, en cambio, se atrevieron a contratar a un extranjero, acaso el mejor técnico del continente, para que los levante de la cama de hospital donde están postrados, desde hace años, y los lleve a Sudáfrica 2010.
En Colombia, con Jorge “pocas pulgas” Pinto, no hay cobre ni para fabricar una olla, piensan los hinchas de a pie… En Chile la afición camina por la vía de la esperanza.
Los chilenos no escatimaron esfuerzos para llevarle al enfermo el mejor médico de la cuadra. Eso no garantiza que el paciente recobre inmediatamente los colores de la cara, pero si que se encienda en su pecho la llama de la ilusión.
¡Cómo los envidio!, ¡Cómo los envidio!...
¡Vivan los locos que inventaron el amor!

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Creado por jlinares50
10:15:06