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Archivo para: Junio 2007

23.06.07

Chávez y su Copa América

El comandante Hugo Chávez se despertó aquel día de marzo con el colesterol alebrestado y un humor de perros. Durmió poco, es cierto. En la víspera había estado comiendo fritanga con su par de República Dominicana como parte del canje petróleo por alimentos y unos chorizos traicioneros le patearon el hígado. Con la lucidez atroz del insomnio alcanzó a pergeñar un plan que le daría lustre, popularidad y justificaría esa larga noche en vela. Faltaban sin embargo, detalles, confirmaciones, consejos. De inmediato pidió una comunicación con Fidel Castro en la Habana, ¡juntos son dinamita!. Le habló sin rodeos:

-Máximo comandante y padre espiritual del movimiento Bolivariano- comenzó diciéndole -necesito que Venezuela gane la Copa América. Tu sabes, hemos invertido mucho dinero en infraestructura, en estadios, en carreteras, en hotelería y vendrá mucha gente del extranjero a mirar los progresos de nuestra revolución.Una victoria ratificará que estamos por la buena senda. Además la prensa opositora, la televisión…

- ¿Qué prensa opositora- interrumpió Fidel con voz grave - acaso no te cargaste a RCTV?

Para ahorrarse explicaciones evidentes, tal vez innecesarias, Chávez fingió no escucharlo. Estaba como poseído. Hay que frenar las manifestaciones estudiantiles, son un sabotaje, repetía como loco.

-Pues chico- le dijo Fidel con aire paternalista- qué te puedo decir. Todos sabemos que Venezuela en béisbol puede tener peso específico, pero en fútbol, en fútbol no es ningún asombro. Las computadoras de la FIFA ni siquiera lo registran. Confórmate con ver estadios llenos de partidarios con banderas y camisetas con tu foto. ¡Tu foto! y ¡TeleSur!... enviando la señal al mundo. Eso vale más que mil barriles de petróleo… (A propósito te cuesta 4 dólares producirlo y se lo vendes a los gringos a 60, estás en la grande, ¡eh! Al final son ellos los que pagan la revolución).

En vano Chávez con el revolver cargado le habló de mística, de disciplina. “Las situaciones críticas no significan un peligro sino una oportunidad” le repicó haciendo énfasis en oportunidad.

-Eso es alimento para la tribuna, para la popular, dijo sonriendo el anciano líder cubano. Las enfermeras no daban crédito a sus oídos. Fidel reía con entusiasmo, luego de su operación y de la intempestiva salida del poder, en julio del 2006.

¡Quiero ganar la COPA! - grito Chávez con el alma en un puño. Era la primera vez que se atrevía a levantarle los decibeles al estandarte, al prócer, al patrón. Un sudor frió le corrió por todo el cuerpo.

Fidel que poco entiende de los reglamentos de la FIFA y leyes ajenas, ni siquiera respeta las propias, comprendió en el acto la angustia de su pupilo.

- Está bien- dijo al fin, e hizo una pausa respiratoria como los grandes señores antes de dictar sentencia: Que Brasil y Argentina jueguen en la altura. Habla con el camarada Evo (Morales) para que te preste el Hernando Siles. A Estados Unidos, Uruguay, México y Paraguay, aplícales “pito”, para eso tienes que lograr que nombren a Archundia, Ruiz y Larrionda en los partidos claves y a la Colombia, del arrodillado Uribe, mándalos a jugar en la niebla.

-Genial - gritó Chávez exultante- será un campeonato bastante mediocre y en la mediocridad seguro que ganamos… ¡Si se puede!, ¡si se puede!.

La historia es inverosímil pero se impone a todos porque sustancialmente es verdad: Verdad es que Lula no quiere enemistarse o molestar al patriota y envía la suplencia de Brasil, sin Ronaldinho ni Kaká; verdad es que Argentina le debe plata (mucha) al comandante y viaja la “pesada” sólo para hacer relaciones públicas y vender camisetas; verdad es que el vaquero Bush le conoce “la boquita” al bolivariano y prefiere invadirlo a tener que aguantarle la cantaleta; verdad es que Uribe le teme más a él que a la Nancy Pelossi…

“Yo Hugo Chávez Frías, presidente electo democráticamente por la República Bolivariana de Venezuela, decreto que “ La Vinotinto” debe ser la ganadora de la Copa América. ¡Será justicia!”

¡Venezuela Campeón de la Copa América!: ¡Cúmplase y archívese!

¡Sí, señor!... comandante.
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  • Posteado en 06:43:38

17.06.07

Granda: atrapado sin salida

Este Granda no tiene nada que ver con Chabuca, la inolvidable “flor de la canela” quien arrancaba suspiros en el puente de La Alameda en Lima, su ciudad natal. Este Granda, (Rodrigo), es conocido como el “canciller” de la más antigua organización guerrillera del continente y acaso del mundo: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Argumentando una razón de Estado, el gobierno de Álvaro Uribe, lo liberó en una audaz jugada unilateral, junto a más de un centenar de hombres de ese grupo insurgente, para servir de “peacemaker” en su ofensiva diplomática por lograr recuperar a 57 ilustres secuestrados, entre los que se destaca la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt.

El rebelde Rodrigo Granda está en el centro de la escena. La justicia de Paraguay lo acusa de ser el autor intelectual del asesinato de Cecilia, la hija del ex presidente guaraní Raúl Cubas y lo solicita en extradición. Cecilia Cubas fue secuestrada en septiembre del 2004 y encontrada muerta en una vivienda de Asunción en febrero del 2005.

El 13 de diciembre del 2004, Granda fue detenido en Caracas y trasladado a Bogotá, donde quedó detenido. El operativo que fue calificado como un “secuestro express” por el gobierno de Venezuela, generó un “impasse diplomático” sin precedente en las relaciones bilaterales.

Sin embargo, desde que salió de prisión e ingresó a la sede del Episcopado en Bogotá, la cual le sirve de refugio, garante y escudo protector, no ha cesado de proclamar que él es un “rehén del Gobierno”. Detrás de esa inconsistencia ampulosa, de esa armadura dialéctica innecesaria en estos tiempos de globalización, consumismo y propiedad privada, se oculta un hombre que teme ser acusado de traidor por su propia organización. Su situación es delicada. Granda camina por la delgada línea roja. La televisión y la prensa se empeñan en mostrarlo como un imbécil que solo quiere salvar su pellejo y no enojar a sus patrones de las FARC.

Ha salido en libertad, es cierto, pero esta enjaulado entre íconos celestiales, oraciones y temores. La peor cárcel es la que no se ve. El gobierno de Francia que logró su excarcelación a cambio de un compromiso internacional con Colombia, (el G-8 ya se pronunció), le exige su intermediación para conseguir la liberación de una de sus súbditas.

Granda, se muestra inmune a exhortaciones morales y gana tiempo para irse a Cuba. Dice estar buscando una salida al acuerdo humanitario pero no encuentra la llave de la puerta. Escucharlo es asistir a un monólogo antiguo lleno de lugares comunes y viejas consignas de manual. Nada nuevo bajo el sol. Asegura que el secuestro, la extorsión y la intransigencia son armas de legítima defensa frente a un gobierno que se muestra reacio a despejar Florida y Pradera para hablar de canje.

Para las FARC los secuestrados representan mucho más que un botín económico: son la contraseña que les permite sentarse a la mesa con el poder político, para hablar de reivindicaciones y proponer imposibles. Sin ellos, los espera la selva, los mosquitos, los bombardeos gubernamentales y el olvido.

Con la liberación de los guerrilleros sin contraprestación alguna, el presidente Álvaro Uribe ha realizado una sorpresiva maniobra, que tanto el grupo subversivo como la comunidad internacional tardarán un tiempo en asimilar y cuyos resultados dependen en demasía del locuaz “canciller” de las FARC.

Mientras tanto, en la sede de la Conferencia Episcopal, este revolucionario de mármol, espejos y café con leche, lee a Santo Tomas de Aquino esperando mensajes que no llegan. Como en la novela del Nóbel García Márquez, él no tiene quien le escriba y sus colegas de las FARC- EP ya han divulgado que no lo respaldan ni le autorizan a hablar en nombre del Secretariado. Si espera ayuda divina está en el lugar indicado.

Rodrigo Granda es el personaje de moda: en Paraguay lo requiere la justicia, Francia lo precisa para un trabajo fino y en Colombia nadie le cree pero pocos se animan a desoírlo.

¿Le compraría usted un auto usado a éste caballero? ¿Cree en la sinceridad de las FARC para lograr un acuerdo humanitario? ¿Cree en el gobierno?

No hay caso: Dios es colombiano…
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  • Posteado en 10:03:39

11.06.07

La guaca en el limbo

La historia es por todos conocida. Una película célebre instalada en el colectivo popular: “Soñar no cuesta nada”. El director Rodrigo Triana la enmarca dentro de la tragicomedia del acontecer nacional. El guión real prescinde de hechos notables, emparentados con las conductas humanas y se recuesta en la ladera de la justicia. Se exige justicia, castigo, condena y se disimula la ausencia del Estado. Se concentra en el resultado, se eluden las causas.

La historia es inverosímil pero se impone a todos porque sustancialmente es verdad. En abril del 2003, soldados de las compañías Buitre y Demoledor de la Brigada VI del Ejército, que patrullaban la vereda Las Morras en Caquetá se toparon accidentalmente con un cañonazo inesperado: canecas repletas de dinero, en los dominios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias: FARC. Se habla de 40 mil millones de pesos, hallados en el lugar, una buena parte en dólares.

Es fama que el gobierno central controla mucho menos territorio del que imagina. A las 3 de la tarde domina el 70%, a las 9 de la noche sólo el 50%. El resto se lo disputan la guerrilla, los paramilitares y la delincuencia común. Las montañas y la selva son tierra de nadie. En esas tierras de sangre, sudor y lágrimas estaba la guaca.

Emocionados los reclutas se abrazan con sus superiores, se felicitan mutuamente. La alegría es lógica: Guaca, en la cultura indígena significa fiesta. Es el tesoro que se esconde con el temor que lo descubran. Es un hoyo en la tierra donde se ponen a madurar las frutas. El dinero extraído de las fauces de la Pachamama, la madre tierra, es tomado por los militares como un botín de guerra, como un pago de la providencia a tantos años de lucha, miseria, marginalidad, olvido. Esa misma noche deciden repartirse la fortuna.

Pero la ley de los hombres que en ocasiones suele ser laxa, ambigua y sensible cuando se trata de los poderosos (remember el caso Bancolombia vs Gilinski), es implacable a la hora de ajustarles las clavijas a los más débiles. Los militares involucrados son formalmente acusados y llevados a juicio por peculado: apropiación de bienes del Estado.

El mismo Estado, que abandona a sus servidores públicos (es la figura legal que la
Justicia Militar les otorga a los 144 soldados para poderlos llevar al estrado) es el que les exige ética, conducta, patriotismo. El subintendente John Frank Pinchao que estuvo 7 años secuestrado por la guerrilla, hasta que logró escapar por sus propios medios de ese cautiverio, es la prueba reina.

La Justicia Penal Militar, bastante cuestionada por la sociedad civil (un militar que juzgue a otro en estos tiempos es algo difícil de comprender), fue la encargada a través de un Tribunal de iniciarles un proceso a esos subalternos infieles.

En un juicio caracterizado por su desprolijidad, unas pruebas de polígrafo no legalizadas fueron suficientes para derrumbar el muro que sostenía el proceso y dejar libre a los 144 condenados. Luego de años de inútiles audiencias, la puesta en escena deberá repetirse ya que se violó el debido proceso y el derecho a la defensa, según el Tribunal.

Todo vuelve al punto de partida. Se deberá realizar un nuevo juicio. Nuevos testigos. Nuevos elementos saldrán quizás a la luz pública. De los 144 soldados que participaron en la fiesta (la guaca) solo 62 estaban detenidos. Los otros se esfumaron…al igual que gran parte de la platita.

El Estado es un jugador mañoso, “pierde tiempo”, ha cometido muchos errores. Está encartado con este caso. Quiere ganar el partido y no sabe cómo. Y para peor, tiene al árbitro comprado y a la tribuna en contra.

Esta historia que nació en la sombra, seguramente morirá en la sombra.

En un país que tiene superpoblación de contrabandistas, narcotraficantes, paramilitares, guerrillas, desplazados por la violencia, delincuencia común, ladrones de cuello blanco, gobernantes corruptos, impunidad, congresistas presos, alcaldes elegidos mediante fraudes, ¿sigo?, aplicarles la Ley a unos soldados por un dinero que ni siquiera le pertenecía al Estado parece ser, realmente, un mal chiste.

¿Usted cree, realmente que los soldados son culpables? ¿Culpables de qué?

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  • Posteado en 10:02:38

04.06.07

Mentiras verdaderas

La muerte vende, la sangre vende, la miseria humana que es la peor de todas, vende. Así lo entiende el canal Caracol con el lanzamiento del nuevo programa: “Nada más que la verdad”, el cual ofende a la inteligencia, incomoda a las buenas costumbres pero vende, entretiene y factura.

La mecánica del show es por demás sencilla: el participante debe contestar “la verdad y nada más que la verdad” y a cambio de decir la “verdad” recibe dinero (las monedas de Judas), monedas que le sirven para abrir las compuertas de su conciencia. Se le ha contratado, de eso se trata este negocio, para que muestre su lado oscuro frente a una audiencia morbosa que se relame con las desdichas ajenas. En estos tiempos de felicidad prefabricada, silicona, celulares y dinero plástico el hombre vende el alma al diablo por un mal plato de comida.

En esa incursión a los bajos fondos de su conciencia, el concursante no está solo.

Para hacer aun más dramático, lamentable, es quizás la palabra correcta, en este circo romano del tercer milenio, al “imputado” lo acompaña una nutrida parentela encabezada por sus padres y amigos. Todos asisten en primera fila a la degradación del ser querido ante millones de televidentes. ¡Todo sea por el vil metal! y de paso salir en la caja boba. Todo legal.

“¿Tuvo usted una relación incestuosa con su hermana?, ¿la embarazó?, ¿la hizo practicarse un aborto?, pregunta el tele- inquisidor Jorge Alfredo Vargas. La madre que presencia entre el público la carnicería abre el entrecejo. La inesperada respuesta de su hijo en el estrado la desarma, la desconcierta. El horror se ve instalado en su rostro. Lágrimas de utilería brotan en forma espontánea. ¡A la carga dice Vargas! mostrándole el colmillo a su presa herida de muerte: “Usted sabe que puede retirarse cuando quiera; claro que si se retira pierde la oportunidad de ir por los 100 millones”.

El hijo ha confesado la verdad. El polígrafo no miente. La madre llora, se quiebra; su jubilación de privilegio esta embolatada. Sin embargo, debe mantener la calma antes las cámaras. Mostrarse como una víctima del destino… ¡Acaso no matan a los caballos! La familia queda destrozada pero con dinero. Todos felices.

El efecto es inmediato: el tirano y esquivo rating otra vez le sonríe a Caracol televisión. La chabacanería sensiblera se cotiza a precio de barril de petróleo: Caracol televisión ha descubierto el agua tibia… Los aplausos del respetable nos recuerdan que el show deber seguir luego de 8 minutos de comerciales.

Este reality es un familiar cercano de otra “joyita” que agotó taquilla en años anteriores y que sigue siendo sinónimo de éxito fácil: Gran Hermano (The big brother). Si bien el formato de “Nada más que la verdad” es diferente (más directo, menos aggiornado, nada de producción) en el programa creado por el Holandés John de Mol y desarrollado por su productora, Endemol, la finalidad es la misma: shockear al televidente, conmoverlo, obligarlo a adoptar posiciones casi radicales. No toma prisioneros. ¡Tómelo o déjelo! Nada de indiferencia.

Estos realities vienen cada vez más sofisticados, más elaborados, más resistentes a la moral pública. En Holanda, incluso, se acaba de revelar que era una farsa el polémico reality que premiaba al ganador con un riñón. El programa de una insensata ingeniosidad movía al asco. Una enfermo terminal debía elegir a qué concursante le donaba su órgano.

Con “Nada más que la verdad” el canal Caracol pateó el tablero de la vergüenza. Los sesudos creativos de RCN, seguramente contestarán con alguna idea aun más perversa. ¡Pase, mire, vea! Estamos de liquidación en la feria del vale todo.

De la Comisión Nacional de Televisión, mejor hablamos otro día…

La pregunta de oficio es: ¿Vale la pena someterse a tanta ordinariez, a tanta bajeza, a tanta indignidad para ganar plata?

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  • Posteado en 11:07:42